La zona de los Pistons

*Nota: Artículo publicado originalmente por Álvaro Carretero en Planeta Deporte

Hubo un tiempo en el que nadie daba un duro por los Blazers. Incluso tras la llegada de Damian Lillard, solo se reconocía que podían tener cierto potencial. Por eso, ver desde el primer año, ROY de 2012 incluido, semejante despliegue, nos hizo frotarnos los ojos hasta desgastarlos. No obstante, hubo que esperar un año más para apreciar la perfección de los esquemas de Scott trasladada a la pista.

Justo en estas fechas, enero de la temporada 13/14, Portland presentaba un balance de 28-9 y lideraba el Oeste por encima de Spurs y Thunder. Por aquel entonces, escribí esto al respecto: “Refuerzos aparte, Portland funciona por lo que siempre denominamos ‘química’. Y, sobre todo, por ese punto impredecible y que en nada depende de las cualidades de cada uno.

Hablamos de ese estado pletórico, de absoluta autoconfianza. Portland cree, y nadie puede impedírselo. La cantidad de buzzer beaters logrados este año (Lillard al mando) y de partidos resueltos en finales ajustados es el dato más indicativo de esa fe que se prodigan ellos mismos. Se sienten fuertes, casi invulnerables, como si no hubiese límites. Scott ha logrado una brillante gestión anímica de sus jugadores”.

A estas alturas de artículo, es fácil imaginar por qué comienza el mismo hablando de los Blazers, cuando el tema es Detroit. Sencillo: ellos son el espejo donde deben mirarse ahora mismo en la Mo Town. Portland logró salir del pozo entrando en “la zona”, volando en una nube de buenos resultados y con la confianza por bandera. Este artículo, por tanto, no va a hablar de números y estadísticas.

Confiemos en Stan

Cuando Stan Van Gundy llegó en verano a los Pistons, tenía un trabajo titánico que acometer. Su condición: Joe Dummars a la calle y él asumía también el mando como director de operaciones deportivas. A Rajoy se le hubieran saltado los ojos hablando de “la herencia recibida”, pero Van Gundy no es dado a quejarse y, en silencio, volvió a construir la casa desde los cimientos.

Toda la empobrecida ciudad de Detroit, una de las más afectadas por la crisis y en decadencia desde aquel despegue económico gracias a la industria automovilística, miraba a Van Gundy como el salvador definitivo. Él y solo él podía alzar su equipo. A fin de cuentas, un tipo que nunca se ha perdido un Playoffs y jamás ha acabado con un balance inferior al 50% de victorias, merecía tener crédito en su empresa.

En esas estaba el bueno de Stan cuando a finales de 2014 presentaba un balance de 5-23. No lo va a conseguir, pensaban. Pero nunca se ha subestimar la capacidad de un genio como él. Sin previo aviso, Josh Smith se fue a la calle. Conmoción en el mundillo NBA, pero decisión sensata y justificada con los números cosechados tras su marcha. Y, de repente, el estilo de juego que el coach siempre ha realizado en su carrera, floreció. Los tiradores letales siempre en las esquinas, los pívots dominantes campando a sus anchas en la zona y circulación de balón para crear espacios. Su orquesta ya no desafinaba.

Tan grandiosa ha sido su obra, que ya ha conseguido que los pesos pesados no solo se diviertan, sino que tengan mentalidad de equipo. Van Gundy, al dirigirse a su segundo entrenador para que Drummond y Jennings saliesen a falta de 5 minutos contra los Mavericks, recibió por respuesta: “Hell, no! This group is rocking!”

También histórico será su último tiempo muerto para tumbar a San Antonio previa canasta de Jennings: “We just form a fucking wall!”. El muro, el bloque, la gran metáfora que el propio Stan formuló sin querer para su “nuevo” grupo.

Playoffs a la vista

El objetivo primordial sigue siendo el marcado en verano: alcanzar los Playoff. Para ello, deberán seguir en esa dinámica ganadora, invulnerable, que les ha llevado a tumbar a equipos como los Cavaliers, Spurs o Mavericks.

En la débil conferencia Este, los Heat marcan el límite con 15 victorias. Detroit está, por primera vez en años, en balance positivo (12-23) y se ha convertido en una amenaza real. De hecho, no lograban tantas victorias de forma consecutiva desde hacía 5 años.

Mantener su estado de embriaguez ganadora, quedarse en “la zona”, es ahora la misión principal de Stan. Ya ha sacado a su equipo del pozo y de la mentalidad derrotista. Ahora debe infundirles el brillo en los ojos, el deseo, el instinto asesino.

Hacerles ser conscientes que las derrotas llegarán, pero que estas no son un problema. Van Gundy era sinónimo de esperanza y, al fin, encarna a la misma. Ha erigido el primer brote verde en aquella triste ciudad anclada en los recuerdos de un pasado mejor.

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