Damian Lillard, un All Star hecho a sí mismo

*Nota: Artículo publicado originalmente por Álvaro Carretero en Planeta Deporte

“Solo quiero dar las gracias a los fans que pensaron que yo no era lo suficientemente bueno. A los entrenadores que pensaron que no era suficientemente bueno. Y a Adam Silver, por pensar que no era suficientemente bueno. No es un territorio desconocido para mi. En realidad, es lo que ha inspirado mi vida”

Justo, injusto, merecido o inmerecido, Damian Lillard no será All-Star este año. Es lo que tienen las decisiones personales: que son subjetivas. Y sobre opinión y gustos no hay nada escrito. Lillard es un luchador, de esos jugadores que poseen ese carácter especial, el gen ganador.

Estaba predestinado a triunfar y coger el testigo de los antiguos grandes bases criados en la bahía de Oakland. Brian Shaw, Gary Payton y Jason Kidd. Ahí es nada. De hecho, su primer recuerdo fue tener un camiseta del propio Payton.

Pero, posiblemente, salvo él mismo, nadie entonces hubiese sido tan osado de hacer un paralelismo con ellos.

“Soy de Oakland, no le tengo miedo a nada”

Así firmaba su carta de presentación en la NBA. Ahora en San Francisco tienen a sus Warriors y sus Splash Brothers, esa sociedad letal que lleva más de un año colgando el cartel de ‘no hay entradas’ en su pabellón.

No muchos se acuerdan de su hijo pródigo, pero su ausencia en el All-Star Game ha causado estragos también entre ellos. Los americanos, patriotas como pocos, también son harto conocidos por la defensa a ultranza de su lugar de origen. Y en Oakland hubiera sido el colofón supremo colocar a los tres.

Haciendo su propio camino

Damian Lillard nunca ha seguido un camino convencional. Por eso, no estar en el All-Star Game, supone para él acordarse de los fantasmas del pasado, de todas aquellas veces en que fue repudiado.

Tuvo que cambiar de instituto porque no le daban minutos y, al acabar esta etapa, apenas un puñado de universidades de segunda fila hicieron tibios intentos de contar con él. Finalmente, el base escogería Weber State, premiando su determinación por darle oportunidades y enseñarle a madurar.

Siempre tapado, siempre a la sombra.

“No eres lo suficientemente bueno”, esa frase que tantas veces se repitió Lillard en su adolescencia y que volvió a escuchar como un eco lejano, de tiempos que pensaba olvidado, tras conocer los nombres del All-Star de Brooklyn.

Pero para un competidor nato como él, alguien que jamás abandona y que entiende los fracasos como alimentar al fuego con gasolina, es un nuevo estímulo para mejorar.

Ya le sucedió también en verano siendo descartado por Coach K de la lista definitiva en el Team USA. Entonces, Lillard no le dio importancia y dijo que le vendría bien descansar.

Pero en sus palabras se apreciaba un deje de resignación y en su mirada faltaba la fuerza habitual que sus ojos serenos transmiten. No pudo ocultar del todo su decepción y, hace un par de meses, lo reconocía en una entrevista para Sports Illustrated:

“Me sigue molestando no haber ido, sigo pensando sobre ello. No había ninguna razón para no haber estado con el equipo. Sigo sin saber por qué no fui. Pero eso solo es más leña para mi fuego. Me motiva cada día”

Dos reveses a su carrera con apenas medio año de diferencia. Esas palabras que ya se le clavan como una taladradora y le perforan cada día, cada entrenamiento.

No eres lo suficientemente bueno

Y, así, emerge su rabia, Lillard se enfurece y trabaja aún más duro, aún más intenso, para demostrar a todos los que le dieron la patada que se equivocaban.

Porque igual que esa sentencia obsesiva que le ha perseguido desde que era un niño, uno de sus entrenadores de Weber State le dio el antídoto en su día:

“No te conformes con llegar a la NBA, sé uno de los mejores. Tú puedes”

A sangre fría

Damian Lillard ha sido el único jugador por encima de los 20 puntos (21.8 puntos, 6.2 asistencias, 4.6 rebotes), que se ha quedado fuera del All-Star. Pero, además, es el killer por excelencia de la NBA, el mejor clutch player de la actualidad. Cuando Lillard coge el balón en un último cuarto igualado solo puedes echarte a temblar.

En 14 prórrogas disputadas a lo largo de su carrera, Lillard lanza con un 70.7% de acierto (29/41). Esta temporada promedia un 9/16 en tiros de campo en este período. En total suma un 55.6% en triples (10/18) y un casi inmaculado 94% en tiros libres.

Números salvajes que le acreditan como el tipo más fiable a quien encomendarte en momentos críticos. Si hablamos exclusivamente del último cuarto, esta temporada registra un porcentaje del 40.6% en tiros de campo y 33% en triples, bastante inferior al de sus pasadas campañas. No obstante, la estadística avanzada de Tiros de Campo Efectivos refleja un considerable 59%.

A lo largo de su carrera, Damian Lillard ha anotado hasta 11 canastas ganadoras o que hayan mandado el partido a la prórroga.

En total se contabilizan 35 lanzamientos en los que Portland fuese perdiendo por 3 puntos o menos en los últimos 5 segundos. Esta temporada ha acudido a esta situación hasta en cinco ocasiones.

Con 87-87, falló una bandeja ante Toronto, falló también una bandeja contra los Hornets (102-100) y erró otra bandeja ganadora ante Denver (103-103). Mejor le fue ante San Antonio, anotando el tiro que mandaba el partido a la prórroga o ante Oklahoma, empatando el partido a falta de 3 segundos con un triple. O incluso ante Houston, cuando su ya histórico triple hizo pasar a Portland a segunda ronda de Playoff por primera vez desde el 2000.

Lillard vino pisando fuerte desde su año rookie. Logró todos los galardones de Rookie del Mes en el Oeste, y eso que Anthony Davis fue el número 1 del Draft de ese año (2012).

Se convirtió en el  tercer jugador más joven en lograr más de 1.500 puntos con 500 asistencias, tras dos mitos como Allen Iverson y Oscar Robertson.

Batió la marca de más triples anotados por un rookie que Curry ostentaba (185) y lideró a su camada en minutos, puntos y asistencias.

Y es que, como le dijo el propio Lillard en una entrevista a Jordi Vilá hace un par de años:

“Hay que seguir trabajando siempre en uno mismo, dentro y fuera de la cancha, para progresar. Cuando haces eso, luego hay que demostrarlo en los partidos y tienes que creer en ti mismo más que ninguna otra persona pueda creer en ti”

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