Reaprendiendo a ser Tony Parker

*Nota: Artículo originalmente publicado por Álvaro Carretero en Planeta Deporte

Vivimos y morimos por nuestros principios. Ganamos nuestro último anillo creyendo en el sistema de Popovich (¡bendito sistema!) y dejamos escapar otro un año antes con fe ciega en sus decisiones. Jugar con Manu, pese a no estar en plena forma, o sentar a Duncan en la posesión que desencadenó el ya legendario triple de Ray Allen, solo porque Pop priorizó la movilidad en el perímetro frente al small system a un posible rebote.

Respetamos con honor sus decisiones, porque estas nos han llevado hasta donde estamos. Y nadie las cuestiona.

Y, por supuesto, respetamos e idolatramos a las estrellas que tantas alegrías nos dieron.

Igual que pasara con Ginóbili en aquellas finales de 2013, por debajo de su nivel, ahora la marea negra tiende sus manos a la estrella que supo heredar el equipo de una leyenda como Tim Duncan: Tony Parker.

Ningún éxito de San Antonio se entiende sin su presencia. Es lógico y lícito pues, la preocupación imperante respecto a su estado de forma en los últimos meses. Pero no es una crítica mordaz, deslenguada ni banal.

Cuando en los Spurs se critica, se hace de forma fundamentada, apoyando y ayudando al propio jugador. Hecho extrapolado al compendio mediático de la NBA.

No se ha escrito un solo artículo en los medios de referencia que pretenda desestabilizar a jugador o franquicia. Es la ventaja de no llamar nunca la atención.

Porque sí, Tony Parker está firmando su peor temporada desde su año rookie (01/02) y San Antonio ha penado por la Conferencia Oeste desde entonces. Penado, faltaría más, en comparación a sus temporadas anteriores.

El francés promedia 15 puntos, 5 asistencias, 2 rebotes, 2 pérdidas, 47.7% en tiros de campo y 44.2% en triples en 29.3 minutos. Números muy inferiores a los de temporadas anteriores.

Especialmente relevante es su faceta anotadora, pues repercute directamente sobre el juego ofensivo colectivo de los Spurs. Entramos en materia.

Una inoportuna lesión

Ese 47.7% en tiros de campo es su peor marca desde la temporada 2003/2004, su tercera en la NBA. De hecho, los dos últimos años fue el único base capaz de firmar durante toda la campaña un acierto superior al 50% (52.2% y 50%, respectivamente).

Y eso pese a un inicio fulgurante en el que promedió 17.3 puntos, 5.7 asistencias, 51% TC, 66.7% T3 durante el primer mes de competición.

Pero tras un noviembre durísimo, en el que el galo aún mantuvo su nivel, como muestra el gráfico adjuntado abajo, Parker se lesionó la muñeca. Jamás volvió a ser el mismo.

 

 

Su ausencia y posterior vuelta fuera de tono, físico y mental, causaron estragos entre el alabado sistema ofensivo de los texanos. Algo estaba fallando y ni el propio Parker era capaz de dar con la tecla.

Lógicamente, culpar a Tony Parker en exclusiva de la irregular temporada de su equipo sería pecar de ignorante y torticero. A San Antonio le falta la mordida que el deseo de venganza les motivó el año pasado.

Diaw, Splitter, Mills, Leonard… Todos han pasado por lesiones que les han hecho bajar prestaciones y depender en exceso de una segunda y hasta tercera unidad sobreexigida por las circunstancias.

Aun con todo, es innegable que es Tony Parker el auténtico motor de este equipo.

Los Spurs han pasado a ser el 12º equipo en rating ofensivo, siendo líderes la temporada pasada en este aspecto. Hasta 3.1 puntos más por cada 100 posesiones anotaba San Antonio sin él hasta su tardío despertar en marzo.

Y, si hablamos del propio Parker, le encontramos entre los cinco peores jugadores de la temporada en impacto sobre el juego. Los únicos bases que le acompañan en tan dolorosa lista son Ramon Sessions, Ray McCallum y Zach LaVine.

“No quiero usarlo como excusa, pero no me encuentro bien. Todo el mundo lo sabe. Los entrenadores lo saben. Pero eso le pasa a todo el mundo. Está siendo un año duro para mi desde que volví de esa molesta lesión”

Parker, elegido Jugador Europeo por la FIBA por segundo año consecutivo, está conviviendo con una situación anómala y novedosa para él.

Está aprendiendo a jugar con dolor, molestias constantes y su nueva anatomía. A sus 32 años, todos los jugadores de élite atraviesan un momento crucial en sus carreras que determina su continuidad al máximo nivel.

Hasta ahora, él no lo había acusado. Tras su lesión, no se ha recuperado como esperaba, su cuerpo no ha respondido, repercutiendo directamente sobre su juego y mentalidad.

¿Cómo no volverse loco cuando empiezas a percibir que tu cuerpo no funciona como antes? Esa batalla mental que Tony Parker ha librado consigo mismo – y sigue haciendo – es la gran incógnita a resolver en la ecuación.

Él ha de redescubrirse a sí mismo de nuevo, como otrora hicieran compañeros suyos como Duncan o Ginóbili. El argentino, sin ir más lejos, se valió de esa inteligencia de superdotado en la cancha para paliar la ausencia de su antigua explosividad.

Duncan, por su parte, raciona esfuerzos con movimientos sobrios y usando sus perennes fundamentos. Ambos guiarán ahora a su hombre referencia.

La media distancia, un calvario

Uno de sus principales quebraderos de cabeza esta temporada es la media distancia. Parker, auténtico maestro en sacar ventaja lanzando desde esta posición, ha sufrido especialmente su bajón ofensivo en esta faceta.

Para empezar, Popovich es un obseso de los espacios. Los Spurs crean la ventaja abarcando todo el campo y moviendo la pelota, dando lugar a un tiro cómodo.

La baja productividad de Parker les resta esa movilidad y, además, pierde a su jugador referencia a la hora de romper defensas mediante penetraciones.

Hasta ahora, el defensor acababa desquiciado, impotente al no saber por dónde le llegaría la jugada del francés. Lo mismo penetraba con su innata habilidad, que doblaba un balón o frenaba en seco anotando una cómoda suspensión, aprovechando un exceso de confianza o espacio.

Sus tiros frontales o escorados hacia los 45º entraban sin esfuerzo. Así lo acreditan su 48.1% desde los 10-14 pies (de 3 a 4.2 metros) y 43.9% desde 15-19 pies (4.5 a 5.8 metros).

Esta temporada, lejos de su mejor versión, fallar tal cantidad de tiros en esta distancia es una de las grandes razones de haber disminuido tanto su porcentaje en tiros de campo. Promedia 34.5% (10-14 pies) y 38.7% (15-19 pies).

Casi un 15% menos en uno de sus lanzamientos más determinantes. (Ver en las fotos abajo).

Es más, si lo comparamos con el gráfico global de la liga, podemos apreciar aún mejor cómo evoluciona su tiro a medida que se distancia del aro.

La línea roja, perteneciente a Parker, se muestra inferior en ese espectro entre los 10 y 20 pies frente a unas constantes entre los bases y el resto de jugadores.

Todos estos factores, solapados unos con otros, han ido formando un cóctel de difícil digestión que el jugador de San Antonio parece ir metabolizando, por fin. Por momentos, su aportación ofensiva llegó a ser tan paupérrima que llegó a verse relegado a un mero rol de receptor, incapaz de crear juego.

Aislado en las esquinas, espectador del juego.

Como un tirador, sin ser tirador. En el considerado segundo gran bajón de los Spurs esta temporada, hilando 4 derrotas seguidas – nunca había pasado en la era Popovich y este año ya van dos veces – Parker fue el gran damnificado anímicamente.

Ese mes de febrero, como se aprecia en el primer gráfico, apenas sumó 11 puntos, 4.1 asistencias, 40.7% TC y 31.3% T3. Frente a Stephen Curry apenas pudo sumar un par de tiros libres y, ante los Jazz, mejor defensa de la NBA, se quedó en 5 puntos con un 2/9 en tiros de campo. Había tocado fondo.

“En nuestro equipo, ganamos y perdemos por todos. No señalamos a nadie individualmente. Somos nosotros como equipo. Obviamente, yo tengo mucha responsabilidad y debo hacer mi parte. Lo sé. He estado forzado antes, pero nunca como hasta ahora”

“Se está haciendo el muerto”

La frase la dijo George Karl mientras aún era comentarista de los partidos NBA tras uno de esos partidos aciagos de San Antonio. Y no se refería a Parker, sino a todo el equipo en general. Aunque es fácilmente extrapolable al francés en exclusiva.

Karl, en su caso, se hacía eco de las voces críticas que especulaban si al fin había llegado la fecha de caducidad de los Spurs. El coach, con su ácida ironía habitual, sigue viendo a los texanos entre los favoritos al anillo.

De hecho, desde el 27 de febrero parecieron reaccionar por fin los actuales campeones, enlazando seis victorias consecutivas y dejando las sensaciones de antaño.

Solo los Cavaliers, con un Irving desencadenado, pudieron frenar su ritmo. No es casualidad que esta racha vuelva a coincidir con el mejor Parker. Es la segunda mejor de la temporada, tras los ocho triunfos consecutivos sumados a finales de noviembre, justo cuando el base realizó su mejor mes esta temporada.

En esas seis victorias promedió 20.5 puntos, 4.5 asistencias, 2.5 rebotes, 0.7 pérdidas, 51.5% TC en 30 minutos. Season-high incluido contra los Bulls (32 puntos) y otros 31 en la derrota ante los Cavs. “Se está encontrando mucho más confiando en su juego. Está donde queremos que esté”, comentó Pop para serenar los ánimos.

El mismo que tras la debacle ante los Knicks, dejó un recadito a todos sus jugadores: “Ha sido patético. No hemos respetado al rival”. Por si alguien se le había ocurrido relajarse, con todo lo que había costado recuperar sensaciones.

En definitiva, Parker se encuentra en un proceso de reaprendizaje. Simplemente, necesita tiempo. De la misma forma que un jugador madura mentalmente con el paso de los años, ha de aprender a llevar una segunda madurez cuando su físico ya no permite alardes.

El trabajo psicológico que está realizando en ese sentido es realmente esclarecedor. Y, lo drástico, es que lo tiene que hacer sobre la marcha. Los Spurs llevan años alargando todo lo posible sus Playoff y, salvo en el Mundial, es un incondicional con Francia.

Los kilómetros en las piernas que Tony Parker acumula, como dice Antoni Daimiel, pasan factura a un jugador de su edad. Más aún siendo base.

Por sus manos pasa lo que San Antonio logre en Playoff. En su cabeza, el reto de lograr el back-to-back por el anillo, algo que nunca han logrado en la franquicia de Texas. Todo ello con el aliciente de que nadie, salvo los Rockets de 1995, han levantado el título de campeones sin ventaja de campo en ninguna eliminatoria de Playoff.

El reto está servido. ¿Llegará a tiempo?

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