A la caza del oso

*Nota: Artículo publicado originalmente por Álvaro Carretero en Planeta Deporte

En el peor momento de la temporada han ido los Grizzlies a tener el bajón existencial. Tras todo un curso aguantando en la segunda plaza del Oeste – ahí es nada – su último mes de competición, sin llegar a ser malo, no está a la altura de la exigencia que supone competir en el Wild West.

Con un balance de 12-11 desde el All-Star, Memphis ya ha sido superado por Houston y tiene a los Spurs y los Clippers a solo una victoria, pudiendo perder, incluso, el factor cancha en Playoff.

Iba a ser el primer título de división para Memphis en su historia… Pero parece que su techo seguirá únicamente colmado de vigas, sin banderines que lo adornen. Los Rockets ya les sacan una victoria (53-24) y, por si fuera poco, viene el coco por detrás.

La franquicia más temida del Oeste, el perenne sheriff que siempre termina por imponer su ley. Los Spurs se pondrán por delante de ellos si ganan a Oklahoma esta noche.

Baloncesto de la vieja escuela

Para explicar la crisis que están atravesando los Grizzlies hay que analizar diversos factores. Pero, primero, hay que comprender su estilo de juego. David Joerger, ese hombre capaz de reconstruir plantillas sobre la marcha y hacerlas ganadoras, tuvo el buen talante de mantener intactas las bases heredadas por Lionel Hollins, realizando únicamente los retoques precisos.

Así, Joerger mantuvo ese estilo ‘grit and grind’, como explicó Juanma Rubio en su artículo para AS.com: “Se basa en un tono defensivo casi marcial y en un juego de ataque organizado en torno a una de las mejores (y más complementarias) parejas interiores de la NBA, Marc Gasol y Zach Randolph”.

De hecho, esa perfecta armonía entre sus jugadores les ha llevado a ser la segunda mejor defensa de la NBA una vez más, con 95.5 puntos encajados. Solo los Warriors, que han fichado como asistente de Steve Kerr al gurú defensivo Ron Adams, se sitúan por delante.

Si lo analizásemos a 100 posesiones, su rating defensivo caería a la tercera posición (100.2 puntos recibidos). El problema deriva del apartado ofensivo, donde los Grizzlies, que han sido el tercer equipo en la clasificación NBA (tras Hawks y Warriors), presentan un más que mejorable octavo mejor ataque (98.6 puntos). 14º si, de nuevo, lo medimos por 100 posesiones (103.1 puntos).

Lo más preocupante para Memphis ha llegado tras el All-Star. Si bien es cierto que ha lidiado con problemas físicos de algunos de sus jugadores clave – posteriormente lo veremos – su juego ha decaído ostensiblemente en este mes y medio.

Su anotación ha caído hasta los 93.7 puntos (5 puntos menos por partido), encajando, por primera vez, más de lo que anotan (94.9). Un déficit negativo inasumible en la cúspide del Oeste. Más preocupante aún es haber encajado una diferencia de 59 puntos en contra enfrentándose a los ‘capos’ de la liga.

En apenas cinco días Warriors, Cavaliers y Spurs ganaron por una media de 20 puntos a Memphis.

Ahora bien, ¿dónde radican sus problemas? En primer lugar, Marc Gasol no está a su nivel habitual, como él mismo reconoce. En segundo lugar, están colapsados desde el perímetro.

Y, tercero, por completar la tríada básica y rápida, han perdido el buen hábito de la defensa de contacto, permitiendo más facilidades al rival. Mucho tiene que ver en ello la moral de los oseznos, hartos de no ver aro con eficacia.

Así juegan los Grizzlies

Para valorar esa influencia en el juego de Z-Bo y Big Marc, no hay mejor dato que el reparto de los lanzamientos de Memphis. Sobre ellos gravita todo el juego. Hasta un 81.5% de los lanzamientos del equipo son de 2 puntos y solo el 18.5% provienen del perímetro.

De ese 81.5%, el 66% de las canastas se producen cerca del aro, siendo el equipo referencia de la NBA en ese aspecto. Solo los Wizards se acercan a ellos, con un 65.4% de lanzamientos en las inmediaciones de la canasta.

Tampoco la media distancia es su fuerte, levantando tan solo el 18.5% de los tiros globales en esas posiciones.

El análisis, por tanto, es cristalino. Randolph y Marc asumen todo el protagonismo en ataque, buscando a los tiradores en las esquinas aprovechando la conexión entre ambos y la inteligencia y gran visión de juego de Gasol.

Por eso, el bajón del hermano menor de Pau está siendo tan acusado este último tramo de temporada. Y, si queremos rizar el rizo aún más, observamos que Memphis también es el líder en puntos anotados en la pintura, con 46.7.

Recordamos que anotan 98.6 puntos, por lo que la pintura representa casi la mitad de su anotación global (un 47.7% de sus lanzamientos).

Finalmente, si hablamos de defensa en lo que a la pintura se refiere, sus rivales apenas anotan 39.2 puntos en la zona (4º mejor marca de la NBA), casi 7 puntos menos de los que reciben a manos de Marc Gasol y Zach Randolph.

También son la franquicia que menos puntos permite tras rebote ofensivo (11.6), convirtiendo así en un auténtico martirio levantar un balón nada más atrapar un rebote corto. Obligan a comenzar una nueva jugada que, si bien les desgasta con una nueva defensa, les ahorra una canasta fácil.

El bajón de Marc Gasol

Marc Gasol no pudo ser más claro tras la derrota contra San Antonio:

Hago daño daño a mi equipo, tengo que mejorar. Sinceramente, no siento que tuviera ritmo alguno durante todo el encuentro. De hecho no he encontrado mi ritmo de aquí a un tiempo”, manifestó en declaraciones que recoge ‘The Commercial Appeal’.

Un bajón que explica por qué su nombre, incluso, ha desaparecido de las quinielas por el MVP, cuando en febrero aún era el quinto en discordia junto a Anthony Davis.

Las medias de Gasol se han resentido desde que hiciese historia saltando junto a su hermano en el partido de las estrellas. A aquel choque llegó promediando 18.3 puntos, 49% en tiros de campo (TC), 8.1 rebotes, 3.7 asistencias, 1.7 tapones y 0.9 robos.

Desde entonces, en estos últimos 23 partidos ha caído a 15.7 puntos, 48.7% TC, 7.3 rebotes, 4 asistencias, 1.6 tapones y 0.9 robos.

Más allá de números, el factor exponencial de la confianza de Marc lo encontramos en sus tiros intentados. Bien sabemos que el pívot no necesita levantar tantos lanzamientos como cualquier otra estrella de la NBA y que su sentimiento colectivo supera con creces al de su deseo individual.

Pero este año, al fin, había dado ese paso al frente que estaba llevando a Memphis en volandas hacia la segunda plaza del Oeste. De hecho, sus 20,2 puntos, 49% TC, 8,5 rebotes, 4 asistencias y 1,7 tapones de diciembre coincidió con el mejor mes de su equipo también. No es casualidad.

Y, ahora, su peor momento de la temporada vuelve a reflejarse en los oseznos al completo.

A día de hoy, Marc lanza dos tiros menos por partido (11.8) de los que tiraba antes del All-Star (13.6). Una diferencia sustancial que explica por qué Memphis ha bajado su porcentaje también en tiros de campo.

Su falta de confianza en sí mismo le hace dudar y buscar otras opciones antes que él mismo. Eso castiga a los Grizzlies, que pierden su fiabilidad y capacidad resolutiva en múltiples ataques.

Finalmente, hay un dato aún más relevante que analiza el impacto de Marc Gasol sobre el juego. En las derrotas lanza un 23% menos, con 39% acierto; mientras que en las victorias anota con un 61% acierto.

Rompecabezas perimetral

El último puzle que aún no ha resuelto David Joerger es su perímetro. Los Grizzlies tienen serios problemas para lograr triples, siendo la segunda franquicia que menos lanza y anota (5.2 por partido, solo por detrás de los Wolves, con 5). Presentan un paupérrimo 34% en triples y no han conseguido dar con la clave para organizar a sus tropas.

Jeff Green no ha conseguido adaptarse al sistema y tampoco es un excelso jugador perimetral. De hecho, su talento y cualidades físicas hacen de él más un tirador de media distancia o falso cuatro al poste.

Ambos espacios están ocupados por la dupla interior de Memphis, relegando a Green a una posición exterior en la que no se siente especialmente cómodo ni puede explotar todas sus cualidades.

Joerger ha probado todo quinteto imaginable para que Green entrase en dinámica, pero no ha sido capaz. De hecho, cuando él salía como titular por Tony Allen, la defensa de Memphis se resentía demasiado y no lograba el rédito en ataque esperado a cambio.

Pero no es el único. Courtney Lee es demasiado irregular para llevar solo el peso ofensivo desde el perímetro. Tony Allen no tiene precio como defensor, pero como tirador perimetral es un voto casi nulo.

Eso deja a Vince Carter como único lanzador fiable, pero la edad y el desgaste por las lesiones de Lee, Conley y Allen le han pasado factura también.

La ecuación, por tanto, solo se resuelve gracias a Mike Conley. El base, principal organizador y foco ofensivo del equipo más allá de la zona, queda sobreexigido en ataque debido a la falta de aportación de sus compañeros.

El Conley más eficaz llega acaparando balón y repartiendo juego, generando ventajas y poniendo su letal muñeca a funcionar buscándose sus propios tiros. Pero la falta de amenaza exterior le obliga a soltar el balón en demasiadas ocasiones y moverse buscando recibir y tirar, especialmente en finales apretados. Ha de buscar la ventaja y ser él quien se la juegue, cuando debería ser él quien amasase el balón y decidiese esa jugada.

En Playoff la factura puede ser demasiado abultada si no logran superar estos problemas. Y su FedEx Forum tampoco es ningún fortín como antes. ¿Seguirán siendo candidatos al anillo?

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