Steve Kerr: El arte de escuchar

*Nota: Artículo originalmente publicado por Álvaro Carretero en Planeta Deporte

“Estate preparado”. “Lo estaré”

Michael Jordan cedió en las Finales de 1997 el tiro ganador a Steve Kerr con esta conversación tan simple en el último tiempo muerto. La jugada, archiconocida ya, pasó a los anales de la historia y marcó la línea del ahora entrenador de los Warriors: siempre dispuesto, siempre listo para un nuevo reto.

Discípulo de Popovich, Phil Jackson y Lenny Wilkens, ha incorporado a su particular filosofía como entrenador las ideas primordiales de ambos. Y, si por algo se caracterizó más allá de ser el jugador con mejor porcentaje en triples en toda su carrera (45%), fue por su inteligencia en la pista y escuchar a entrenadores, compañeros o todo aquel que se molestase en darle un buen consejo.

Kerr era de esos tipos a los que, en unos años, esperabas ver justo donde estaba. Ya fuese como entrenador, comentarista en televisión o general manager (GM). Estaba capacitado para todo, preparando, quizá, un futuro paralelo pensando que no tendría éxito como jugador.

Yo ya pensaba en ser entrenador cuando estaba en el instituto. Y cuando estaba en Arizona pensaba: Cuando acabe de jugar aquí, volveré y me convertiré en el discípulo de Lute Olson”

Lute Olson, otro entrenador que hizo mella en él y que, posteriormente, le conseguiría su primer trabajo en la NBA. Para su antiguo mentor en la universidad de Arizona, “Steve es el jugador más inteligente que haya visto o entrenado nunca”. Y no es el único. Su compañero de televisión, Marv Albert, le define como “una de las mejores personas que haya conocido. Es muy inteligente, tiene un gran sentido del humor y se trata a sí mismo como un tipo normal y corriente”.

El don de la oportunidad

Suerte. Ese don impredecible e irrenunciable como parte fundamental del éxito. Porque, sí, hay mucho esfuerzo detrás, hay sacrificio, trabajo… Pero siempre quedarán factores que escapan al control propio y dependen, por tanto, del azar o el capricho de terceros. Durante toda su vida, Steve Kerr ha estado en el lugar adecuado, en el momento adecuado. Un componente de privilegio que pocos pueden gozar. Y, para colmo, siempre acertó en sus decisiones.

Jugó 15 temporadas en la NBA y logró 5 anillos. Hito impensable para alguien que fue escogido con el número 50 del Draft de 1988 por Phoenix Suns. Más aún sabiendo que tuvo tres equipos en sus cinco primeros años en la NBA. Nadie creía en él. Demasiado pequeño para ser un escolta. Demasiado lejos de ser un base. Un calvario constante que terminó en la 92-93, cuando los Magic le cortaron.

Fue entonces cuando comenzó a forjar su propia leyenda. Porque incluso siendo despedido, encontró Steve Kerr su halo de esperanza. Aprovechando que John Paxson, base de los Bulls, se iba a retirar, se puso en contacto con la franquicia ofreciéndose como el tirador necesario en el triángulo ofensivo de Phil Jackson y Jordan. Tras varios entrenamientos, Chicago le firmó el contrato por el mínimo salarial. Kerr, positivista y humilde, lo aceptó con gratitud máxima. Él solo quería una oportunidad, no dinero.

“He estado 26 años en la NBA. 15 como jugador, 8 como comentarista de televisión y 3 como GM y los mejores momentos de mi carrera han llegado en la construcción de un equipo y siendo parte de algo especial”

Tal vez sus palabras actuales ayuden a comprender su decisión de entonces. Pero, de nuevo, llegaba otro revés. Jordan se retiró también solo una semana después de que Kerr firmase.

El proyecto parecía desmoronarse y aquel joven tirador se vio en la situación más delicada de los Bulls hasta la fecha. El Maestro Zen realizó un esfuerzo titánico por reajustar los sistemas, con Kerr como punta de lanza. Cuando M.J. volvió 18 meses más tarde, Kerr ya era un líder con hueco en el equipo. Una vez más, la eterna fortuna le sonrió incluso en el escenario más adverso.

De lo sucesivo, sabemos todos la historia. Three peat, tres anillos consecutivos para ellos y la hegemonía absoluta de la NBA. Pero no duraría para siempre. Con la dinastía de los Bulls acabada, Kerr aún ganaría dos anillos con los Spurs, siendo el único jugador que no fuese de los Celtics en ganar 4 anillos consecutivos. Y, en las Finales de conferencia de 2003, con 37 años y su última temporada en activo, fulminó a Dallas con 4 triples cuando los Spurs iban 15 abajo. Pop buscó entonces alguien fresco, sin apenas minutos en las piernas. Y no lo dudó. Steve era su hombre. Los Spurs ganarían el título ese año ante los Nets, el quinto para él.

Tras varios años de descanso y ejercer de analista para TNT, le llegaría de nuevo la oportunidad de volver a la NBA. Y, de nuevo, gracias a ese don de la oportunidad que aún mantiene intacto. Steve Kerr se convirtió en General Manager de los Suns en 2004 sin tener experiencia alguna. Robert Sarver, actual propietario de la franquicia, se la compró justo ese año a Jerry Colangelo.

Comenzaba la remodelación y, en ella, interfirió Olson, amigo común de Sarver y Kerr, para convencer al nuevo propietario de confiar plenamente en su ex discípulo. Fue una de las etapas más brillantes de los Suns, alcanzando las Finales de Conferencia en 2005 y 2006, pero Kerr dejó el puesto tras tres años para disfrutar de su familia un tiempo.

Por qué estoy preparado para ser entrenador

Hace dos años comenzó su preparación como entrenador. Asistió a una conferencia sobre liderazgo deportivo impartida por su admirado Jeff Van Gundy en el Instituto Aspen, de Colorado. Entonces, Van Gundy le dio un consejo que ha seguido a rajatabla:

Escríbelo todo. Todo lo que has aprendido, todo lo que quieres hacer. Todo lo que has cambiado. Así organizarás tus pensamientos y desarrollarás tu filosofía”.

Kerr fue creando desde entonces su propio archivo mientras trabajaba en televisión. Anotaba todo tipo de detalles. Comenzó también a construir un archivo paralelo de jugadas, visionando vídeos de forma compulsiva en su casa de San Diego. Incluso, tuvo que pedir ayuda a su amigo Kelly Peters, entrenador del High School Torrey Pines y ahora ojeador para los Warriors.

Peters se encargó de compilar todo su trabajo y dotarle de la máxima calidad usando programas especializados. El archivo se llamó ATO’s (After Time Outs, Después de los Tiempos Muertos). Para la primavera de 2014, contaba con más de 50 jugadas.

Acabada la temporada regular y con los Playoff avanzados, Kerr recibió la llamada que toda persona soñaría alguna vez en su vida. Phil Jackson le quería; le necesitaba. Le ofreció el banquillo de los Knicks como su hombre de confianza e, incluso, ambos llegaron a sellar una especie de acuerdo verbal.

Pero, una vez más, se concatenaron una serie de acontecimientos que catapultaron a Kerr a un escenario bien diferente. Joe Lacob, propietario de los Warriors, despidió a Mark Jackson por su mala relación con él y la delicada situación del vestuario. Las críticas le llegaron por todos los frentes, pero tenía trazado su plan.

En mayo, Lacob y su equipo entrevistaron a Kerr como posible entrenador en el aeropuerto de Oklahoma. El entonces candidato trajo consigo un Power Point de 16 hojas al que llamó Por qué estoy preparado para ser entrenador. En él incluía fragmentos de liderazgo, de relaciones con los jugadores, sistemas, ejercicios de sueño y relajación, cambios profundos en la rotación y cómo trabajar para mejorar a sus jugadores… Todo lo humanamente imaginable. Pero, sobre todo, incluía tres nombres para su staff técnico que sedujeron a Lacob: su amigo Alvin Gentry, Ron Adams (especialista defensivo) y David Blatt. Tres auténticos maestros de la estrategia.

La decisión estaba tomada. Lacob apostaba por el novato. La papeleta le llegaba entonces a Kerr. “Fue duro decir no a Phil Jackson”, reconocía entonces. Pero sus tres hijos viven en California. A su hija Maddy es habitual verla en el Oracle Arena y Nick juega al baloncesto en la Universidad de San Diego, donde la familia tiene su residencia habitual, permitiéndoles la máxima comodidad y proximidad.

El Maestro Zen, lógicamente, supo entender su decisión. Incluso Gregg Popovich le asesoró también sobre ello. Una vez conocido su destino, Alvin Gentry, viejo amigo en los Suns y sin saber que sería su asistente en Golden State, dijo:

“Ya sabes el dicho: ¿Podría esto pasarle a una mejor persona? Creo que no he escuchado jamás a nadie decir que no está contento por él. Incluso a gente que ni le conoce”

Porque el entrenador de los Warriors, mejor debutante de la historia, es una persona con la que, ante todo, te llevas bien. Hace todo lo posible por trabajar cómodos, crear buen ambiente y mantener una relación próxima, de confianza.

“Kerr es una persona tremendamente positiva, pero no es estúpido. Él te da la oportunidad. Pero igual que llega, puede irse si no la aprovechas”, Ron Adams

Por eso sabía que el primer problema que debía atajar era la relación con sus jugadores, que aún defendían a Mark Jackson a capa y espada. Para ello viajó allá donde hiciera falta a reunirse con ellos, durante sus vacaciones, una vez que fueron eliminados en Playoff.

Uno de los primeros en recibirle, el sorprendido Harrison Barnes. Lo fácil, como decía el alero, hubiese sido reunirse con Curry y alguno más y llamar al resto. Por eso, cuando Kerr viajó a Miami a transmitirle el mensaje en persona se le iluminaron los ojos.

“¿Tienes idea de lo bien que tiras?”. Le preguntó Kerr. “Has sido utilizado erróneamente hasta ahora. Pero si crees en lo que te digo, tendrás la oportunidad de ser exitoso”.

Barnes había estado hundido casi todo el año, incapaz de responder en los esquemas de Jackson como líder de la segunda unidad. Kerr le ofreció la titularidad y, para ello, lo siguiente que tuvo que hacer fue viajar a persuadir a Iguodala.

El ex All-Star y campeón olímpico y del mundo con el Team USA, se mostró escéptico en un primer momento respecto a ser sexto hombre. Él, titular en sus primeros 758 partidos en la NBA, debía cambiar su rol por completo. Pero, tras escuchar la explicación de Kerr acerca de por qué necesitaba su liderazgo desde el banquillo, supo ver más allá y aceptarlo placenteramente.

Simplemente, creí en él

Su primera reunión con Curry fue mucho más distendida, junto a su padre Dell Curry y Lacob, un día relajado de vacaciones. Intercambiaron pareceres y, simplemente, hablaron. Especialidad de la casa en Kerr: dialogar y escuchar. Ya habría tiempo para tratar otros temas. El nuevo entrenador, incluso, viajó a Australia para reunirse con Bogut.

Así se fue ganando uno a uno a todos sus jugadores y extinguiendo el fuego del despido de Jackson. Habló también en persona con Klay Thompson, asegurándole que no sería traspasado por Kevin Love y logrando, al igual que con Barnes, que Klay le mirase entre emocionado y escéptico. Como reconoció un entrenador NBA en el anonimato, “nadie sabía lo bueno que era realmente Klay porque Mark (Jackson) nunca dibujó una jugada para él”.

Tampoco nadie “había ideado jugadas para Mo Speights antes”, reconocía el propio Barnes. De hecho, para la mayoría de GM en la NBA “incorporar a Speights es lo más espectacular que Kerr ha conseguido”.

Mucho que ver en ello tuvo Luke Walton, ex compañero de Speights en Cleveland. Él le concienció de llegar al training camp en forma. Walton, ocupando el puesto de David Blatt (rumbo a los Cavs), ya había sido seducido por Kerr y su forma de trabajar y sabía que su amigo estaba ante la oportunidad de su carrera.

Cada día entrenó en privado con él para mantenerle en forma para que viesen su compromiso con el equipo. Todo marchaba según el plan que Kerr había expuesto a Lacob en aquella primera reunión con su brillante presentación.

A la segunda unidad, junto a Iggy, pudo sumar a David Lee, otro ex All-Star. Como siempre, por mera fortuna. Su lesión le impidió jugar hasta finales de noviembre. Para entonces, Dray Green era un filón ocupando su puesto y nadie le sacaría ya del quinteto titular.

Kerr salvó la papeleta más difícil, pues Lee era el favorito de Lacob y muchos fans de los Warriors. Pero a Green también hubo que despertarle. En enero, en mitad de un partido, se escuchó a Kenneth Faried gritar a su banquillo: “¡Es demasiado pequeño!”, en tono burlesco, amenazando con desatar esa bestia que Manimal representa.

Dray volvió a recordar su eterna historia, cuando sus hermanos se aprovechaban para ganarle por ser más pequeño que ellos. O cuando, pese a ser una estrella en el instituto y llevar a Michigan State a dos Final Four de la NCAA, le calificaron de “bajito” en el Draft.

Kerr supo canalizar el orgullo herido de Green justo a tiempo y su jugador, en su tercer año en la NBA, es uno de los principales candidatos a Defensor del Año y Jugador Más Mejorado. “Odia que le anoten en la cara”, dice de él Ron Adams.

Filosofía positivista

Pop y Phil me enseñaron que son los jugadores los que hacen todo el trabajo. Tú solo tienes que guiarles en la dirección correcta para que jueguen explotando al máximo su talento y características”, Steve Kerr en NBA.com

De ahí que su rotación sea una de las más largas de la liga y que, incluso, llegue a pedir perdón a sus jugadores cuando considera que no han jugado demasiado, como explica Bogut:

“A veces, cuando deja a los jugadores demasiado tiempo en el banquillo, se disculpa con ellos. Creo que eso es importante, porque no le da miedo admitir que ha cometido un error. Puedes comentarle lo que sea sin que se lo tome como algo personal”

Acepta críticas, consejos… siempre abierto a escuchar a todo aquel que tenga alguna idea que transmitirle. Sin reproches. Sin resentimientos. Al igual que cuando era jugador. Por eso, también es habitual ver a Steve Kerr preguntar a sus asistentes, después de cada tiempo muerto, si ellos hubiesen dicho algo diferente que él no dijese.

Una forma de involucrar no solo a sus jugadores, sino a todo su equipo técnico, con plena confianza para tratar abiertamente con el entrenador cualquier tema y elevar la voz por encima de él si así lo consideran oportuno.

Hasta tal punto está Kerr dispuesto a expandir su mente y oídos que, en una ocasión, Leandro Barbosa le propuso una jugada ganadora en medio del partido que los Warriors aplicaron con éxito.

¡Barbosa! El paradigma de la nueva filosofía impuesta por Kerr. Jugador de final de rotación, comprometido hasta la médula gracias a él y con la confianza y valentía suficiente de hablar con la autoridad de un líder en el momento más delicado.

Esto son los Warriors. Esta es la creación de Steve Kerr. Y es que, en el fondo, como él mismo reconoce, “entrenar trata de saber llevar a los jugadores del final del banquillo, más que a los titulares. Tienes que tener compasión. Tienes que tenerles comprometidos”.

Por eso, como Andrew Bogut, de nuevo, afirma, su entrenador se preocupa de charlar con sus pupilos de forma regular:

Cada dos semanas, Kerr se reúne con nosotros y nos transmite sus pensamientos acerca de cómo estamos jugando, lo que tenemos que hacer para mejorar y lo que él necesita”

Un diálogo abierto, franco, en el que también acepta apuntes de sus jugadores y la forma en que los emplea. Una mejora constante basada en la conversación y el arte de escuchar. A menudo, una auténtica quimera en estos niveles de profesionalismo.

Incluso, pensando en sus chicos, Kerr llegó a viajar a Seattle en julio, para ver a su amigo Pete Carroll, entrenador de los Seahawks (NFL). Le fascinó cómo usaba la música durante los entrenamientos para transmitir energía. Por supuesto, lo aplicó en su equipo. Sus jugadores, encantados con el nuevo sistema.

Ese es Steve Kerr. Una persona sacrificada, capaz de volar por medio mundo con el único objetivo de ser mejor… para hacer mejor al resto. Como aquella frase acuñada por Alejandro Dumas para sus mosqueteros: Todos para uno, y uno para todos.

Aunque ninguna frase le define mejor que la que él mismo se da: “Me considero abierto de mente. Yo escucho”. Simple, sin alardes, sin protagonismo. Pero eficaz y brillante.

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