La redención de los pobres

*Nota: Artículo publicado originalmente por Álvaro Carretero en Planeta Deporte

Y lloró. Su llanto florecía descontrolado, con la cabeza en alto por el doloroso orgullo que fluía entonces. Y sus compañeros derramaron lágrimas con él. Porque él les dio una lección de determinación y coraje que marcará su futuro como jugadores y, más importante, como equipo.

Derrotar a los Spurs, campeones de la NBA y tantas veces piedra en su camino, marcará por siempre el punto de inflexión de unos Clippers ganadores. La épica gesta, la belleza y, a la par, dureza, de los enfrentamientos entre ambos no hace sino encumbrar a los cielos su victoria. El buzzer beater de Chris Paul, literalmente cojo, será recordado como el día en que Los Angeles Clippers liberaron la pesada carga de su pasado.

A la sombra de los Lakers, siempre denostados y vilipendiados por sus vecinos, ricos, famosos, populares y triunfadores. La animadora más guapa y simpática del instituto apenas reparaba en la existencia de la pobre chica, poco agraciada y más bien solitaria. Y eso que comparte residencia con ella. Y mientras una engalana su casa, el Staples Center, de púrpura y oro, con camisetas y banderines copando las paredes y el techo, incluso aquella inmensa estatua de oro macizo, colmo del despilfarro de los adinerados (¡qué grande fuiste Kareem Abdul Jabbar, recupérate pronto!), la otra se limitaba a coexistir con ello. Con mirada resignada y entristecida de quien añora un futuro mejor.

Los Clippers también querían codearse con estrellas cuando ellos jugaban en el Staples. El galmour de Hollywood solo tenía unos colores. Ir a ver a los Clippers, y no a los Lakers, era como colocarse un cartel de “famoso de segunda fila”. Llegaba a desprestigiar la imagen. Pero el futuro llegó. Nuestras dos chicas de instituto aún tenían muchos cambios físicos que vivir. La animadora, pensando que su vida estaba resuelta, trabaja de dependienta porque no pudo entrar a la universidad. El estrés y la depresión por vivir anclada en sus recuerdos le ha consumido. Por suerte, aún tiene una familia que nada en billetes para asegurarle un porvenir mejor. Y nuestra chica tímida y retraída se ha convertido ahora en toda una mujer. Atractiva, exitosa gracias a su esfuerzo y a saber rodearse de personas con sus mismas ambiciones e inquietudes.

Encontró primero al bueno de Blake (Griffin) en el Draft de 2009. Aunque aquel muchacho tenía más de mole que de talento entonces. Pero supieron ver más allá y pulir su diamante hasta refulgir por encima del resto. Le siguió Chris Paul en 2011, a costa, precisamente, de su vecina caída en desgracia. Stern vetó el traspaso a los Lakers desde New Orleans solo 45 minutos después de producirse. Los entonces Hornets buscaron un nuevo postor y lo encontraron en unos Clippers que cambiaban así su historia para siempre. Aunque aún quedaba mucho camino por recorrer para tocar las mieles del éxito.

San Antonio, la casa del terror

Hizo falta un último empujón para saborear la futura redención. Los Clippers seguían siendo un proyecto descontrolado y anárquico, pese a sus estrellas. Seguían representando el despectivo concepto de ‘Lob City’, acuñado únicamente para ellos. Solo ofrecían espectáculo, sin posibilidades de triunfar. Por eso se beneficiaron de la reconstrucción de los Celtics para traer a su pilar maestro: Doc Rivers. El líder, el guía y constructor de la mentalidad ganadora que necesitaban para despegarse el estigma que siempre les acompañaba. Lo primero que hizo nada más aterrizar fue prohibir la simbología Laker en el Staples cuando su equipo jugase. Se acabó jugar en casa como si fuesen invitados convidados.

Es difícil describir lo que define a un entrenador ganador. Pero la característica común es que todos, absolutamente todos, acatan su autoridad y le tienen un respeto casi reverencial. Con él llegó el cambio definitivo. Y con la victoria contra San Antonio, el refrendo al mismo. En ella hubo un protagonista que forjó su propio camino. Una ocasión marcada por el deseo de venganza y redención de la que nadie, ni siquiera una lesión, iba a poder privarle.

Nunca han pasado los Clippers de segunda ronda en Playoff. Tampoco Chris Paul cuando aún jugaba en Nueva Orleans. Ya con su anterior equipo topó con los Spurs en el que fue el mejor año de la historia de la franquicia. Segundos en la Conferencia Oeste en 2008, aspiraban a lo más alto de la NBA. Hasta que aparecieron los hombres de negro y les robaron la victoria en el séptimo partido. Jamás pudo Chris Paul, entonces aún con 22 años, olvidar aquel mazazo. Tampoco el de 2012, cuando los Spurs humillaron a los Clippers en segunda ronda con un 4-0.

Por todo ello, por el dolor de su pierna, por el esfuerzo, por la historia, por los recuerdos… rompió a llorar Chris Paul nada más anotar la canasta ganadora de estos Playoff contra ellos: “Había muchas cosas pasando por mi cabeza en ese momento”, dijo Paul. “Piensas en toda la temporada. Pensaba en Blake, en D.J., en todos los  jugadores de nuestro equipo, que hacemos lo que sea para prepararnos para un partido. Descansas, entrenas, trabajas, comes bien, intentas cuidar tu cuerpo, y las emociones me superaron porque estaba frustrado, pensaba: ‘todo este tiempo, toda la temporada, y en el Game 7 mi cuerpo me abandona’. Eso es lo que sentía en ese momento”.

Gregg Popovich, genio sin igual, cometió un error garrafal en ese partido decisivo. Subestimó la presencia del lesionado Chris Paul en la pista – había sufrido un tirón en los isquiotibiales en el primer cuarto que aún le impide jugar contra los Rockets en segunda ronda – y priorizó la defensa de Griffin dejando a CP3 completamente solo. Fracasó en ambos sentidos. Blake, hiperbólico, firmó su segundo triple doble contra los texanos y devoró ferozmente la defensa de Pop. Paul, por su parte, realizó uno de los partidos más cerebrales e inteligentes que se recuerdan. Consciente de sus limitaciones (jugó literalmente cojo), no podía hacer cambios de ritmo, ni ganar velocidad, penetrar o desgastarse en defensa.

Popovich le abandonó en el perímetro, en lugar de salir a presionarle obligándole a esforzarse en cada jugada. Paul, como muestra el cuadro de tiro adjuntado al final del artículo, realizó casi todos sus tiros en catch and shoot (recibir y tirar), aprovechando las penetraciones de sus compañeros. Anotó 5/6 en triples y 3/4 desde la media-larga distancia, entre el tiro libre y el triple. Para más inri, la canasta que más cerca anotó del aro fue el buzzer beater final, con Tim Duncan rozando por un centímetro el tapón y Danny Green comiéndose el amago de penetración a canasta.

La redención había llegado. Ya no eran el vecino pobre, la adolescente marginada. La madurez con la que llegan al momento cumbre de las carreras de sus estrellas les convierte, al fin, en un rival a batir. Peligrosos, hambrientos; escaldados por las decepciones pasadas y viscerales a la hora de desatar emociones. De tal envergadura fue la gesta, que hasta el mismísimo Rey LeBron tuvo a bien llamar por teléfono a Chris Paul, según él, uno de sus tres mejores amigos en la NBA. Se saltó para ello el monarca su propia ley marcial, en la que autoimpuso por decreto desterrar la tecnología de su reino hasta el final de los Playoff. Pero James no lo dudó y, empuñando el móvil de su esposa, solo pudo decirle a Chris: “Estoy orgulloso de ti”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s