Atlas Gasol: El mundo sobre sus hombros

No era un castigo divino. Ningún Zeus le obligó a sostener los pilares de la Tierra – y no, no hablamos de Ken Follet – sobre sus hombros. O, como popularmente se conoce, el mundo. Pero Pau aceptó la titánica tarea en mitad de un mar revuelto, casi embravecido tras los últimos temporales.

Hubo un tiempo en que un titán joven y robusto quiso desafiar al poder establecido. Su fuerza sobrenatural, y un liderazgo innato, le llevaron a liderar una osada revolución. Atlas, el todopoderoso titán, quiso derrocar al Olimpo. Y durante 11 años batalló sin descanso. Valiente osadía. Por ello su castigo en la derrota fue el más duro que Zeus pudo jamás imaginar. Aprovechando sus robustos hombros y fuerza descomunal, penaría cargando el peso del cielo sobre sus espaldas.

No fue un castigo divino, pero Pau Gasol se encomendó a la gloriosa y penosa misión –entiéndase del verbo penar– de sostener al baloncesto español. Con tal ímpetu, que en la particular Titanomaquia que representa tan bello deporte, no encontró otro de similar talento. Pero, a diferencia de nuestra leyenda griega, no, Pau Gasol no es ni dios, ni titán. Ni tan siquiera extraterrestre, como acertó a definirle aquel bendito loco de la pajarita. Pau es de carne y hueso. Y para nuestro gozo y deleite, español.

El mejor jugador FIBA

Esta será su 9ª medalla con la Selección. La undécima contando el Eurobasket y Mundial Junior. La 16ª para la historia del baloncesto masculino al más alto nivel. Pero es que Gasol, en una década, ha llevado a España a jugar más finales (2006, 2007, 2008, 2009, 2011, 2012, 2015)que en sus 70 años de historia (1935, 1973, 1983, 1984, 1999, 2003). Irrepetible.

Cierto es que Gasol ha estado rodeado de una generación irrepetible que comenzó hace años a dar el relevo. Pero no menos cierto es que sin Pau, ninguno de estos éxitos se hubiera entendido, pese al enorme talento acumulado. Hubieran llegado, tal vez. Pero jamás en forma de dinastía. Nunca dejando un equipo para la posteridad ni inscribiendo sus nombres en letras doradas en los anales de la historia.

Cabría abrir el debate acerca de si Pau Gasol es el mejor jugador FIBA, no ya actual, sino de la historia. Ningún otro consiguió tanto. Ni Petrovic, ni Sabonis, ni Nowitzki, ni Parker, ni Galis… Puede ser indiscutible que, a nivel NBA, nadie como Nowitzki ha conquistado cotas tan altas, otorgándole el trono europeo al otro lado del charco. Pero en el Viejo Continente Pau Gasol ha forjado su propia mitología omnipotente. De reinado casi feudalista, hasta que la Revolución Francesa tuvo a bien triunfar. Pero, de nuevo, ha sido sofocada.

gasol

 

Anoche, en el partido más grande del torneo –final aparte– Pau Gasol se irguió más imponente que nunca. 40 de los 80 puntos de España. Anotó las canastas decisivas en la remontada y para cerrar el partido en la prórroga. A sus 35 años, ha batido su propio registro anotador con la camiseta de España (36 puntos contra Lituania en el Eurobasket de 2003 y 37 a China en los JJOO de 2004). Al comenzar el último cuarto, presentaba unos ‘discretos’ 22 puntos. Entre el último período y la prórroga sumó 18 puntos. Nadie desde Nowitzki en 2001 había anotado más de 40 puntos en un Eurobasket.

Para continuar agrandando su leyenda, Gasol es ya cuarto máximo anotador histórico del Eurobasket con 1.019 puntos. Con 11 más igualará a Nikos Galis (1.030) y por delante ya solo quedan Dirk Nowitzki (1.052) y Tony Parker (1.091). Ambos superaron al griego en este torneo. Pau, cabe reseñar, comenzó el europeo como el 9º máximo anotador con 814 puntos.

Pero tras su partido de ayer, tan indescriptible como histórico, batió otro récord. Es el cuarto jugador en la historia en superar los 50 de valoración tras Dirk Nowitzki (2001), en aquel mítico partido por el Bronce contra España y el ruso Mijail Mijailov (1997) lograron superar tan escandalosa barrera. Los tres sumaron 52. El cuarto en discordia es Jonas Maciulis, con un redondo 50 en los Octavos de Final de este Eurobasket ante Georgia.

Rendidos a Gasol

27.000 franceses contemplaron el espectáculo, sabedores de que asistían a una cita con la historia. Aquel día que recordar diciendo “yo estuve allí” o “yo vi jugar a Gasol”. El escozor de la derrota y las lágrimas derramadas no pudieron impedir el silencioso reconocimiento. Un tributo estoico, de resignación aguada en los ojos. Pero de sumo respeto reverencial. El único que merecen las grandes divinidades.

Gasol llegó a ser en Twitter trending topic mundial. Incluso en Estados Unidos fue una de las principales tendencias hasta bien prolongada la noche en España. En Chicago se registraron algunos de los picos más altos gracias a la labor de los Bulls en las redes. El mundo yankee, de corte autárquico por naturaleza, también asistió impertérrito al show.

“Llevaste tu apellido más allá del sol. Todo niño español hoy quiere ser Gasol”, cantaba el rapero Nach en 2011. 4 años han pasado de aquello y la letra mantiene su significado. Un tributo en una de las expresiones más plásticas de la música. De creación libre y aleatoria. Al ritmo del beat, con la fluidez que entraña bailar con las palabras. Crear a partir de ellas, no con ellas. ¿No recuerda en demasía al temido juego de pies de Gasol? Danzar, que diría Muhammad Ali, como una mariposa, para soltar la canasta picando como una abeja.

Pau no lleva en sus hombros el mundo. Porque Atlas jamás tuvo la fuerza de Pau. Lo que reposa sobre sus prodigiosos hombros son las ilusiones de todo un país. Las pasiones más mundanas. El éxtasis de la emoción desenfrenada por idolatrar a unos tipos que, en el mejor de los casos, ver juntos por la televisión una vez al año. “Todos necesitamos un héroe. Unos valientes que se sacrifican por los demás. Que sean un ejemplo para todos. La gente hace cola para verles, les aclama, grita su nombre… Y años después, contarán como aguantaron horas bajo la lluvia solo para ver fugazmente a quien les enseñó a aguantar un segundo más”.

Sobre Pau recaen las esperanzas de millones de personas. Pau es el héroe de todo aficionado español al baloncesto. Al deporte.

“Todo por un sueño, aquel que tuvimos tantos”

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