Jonas Valanciunas: El testigo de las leyendas

*Nota: Artículo originalmente publicado por Álvaro Carretero en Planeta Deporte

Apenas contaba con cuatro meses Jonas Valanciunas cuando Lituania se alzaba con la primera medalla de su tierna historia. Un Bronce con sabor a Oro. Con sabor a lágrimas bañadas en sal. Porque ganárselo a la “tirana” Rusia, bajo la cual habían vivido durante 50 años el yugo de la URSS, no hacía sino realzar el patrio orgullo lituano. En aquellos Juegos Olímpicos de 1992, Lituania apenas contaba 2 tímidos años de independencia. No era un partido. Era la reivindicación silenciosa de todo un país.

Unos Juegos que a punto estuvieron de no disputar. Porque la situación económica en aquellos tiempos no estaba para despilfarros. Fue Sarunas Marciulonis quien “empezó a mover cielo y tierra para montar un equipo nacional competitivo. Acudió a compañeros y ex-compañeros, intentó convencer a jugadores, entrenadores y gente de Federaciones, buscó patrocinadores, proveedores y ayuda económica y, al final, lo consiguió” (Alejandro Gaitán, “Sarunas Marciulonis: Míster Europa”).

Lo conseguiría gracias a la ayuda de Don Nelson, su entrenador en los Warriors, a quienes se había unido en 1989 tras ser drafteado dos años antes. Nelson, uno de esos culos inquietos por naturaleza, que siempre buscó sacarse ingresos extra incluso desde su etapa de jugador, era el hombre ideal a quien recurrir para buscar contactos. Un auténtico depredador. Bajo su tutela logró Marciulonis sacar adelante el equipo nacional de Lituania.

Con patrocinadores tan rimbombantes como la mítica banda de rock Grateful Dead, que donó 5.000 dólares y permitió usar su simbología en las camisetas de Lituania. Aquel famoso esqueleto haciendo un mate con una pelota en llamas pertenece ya a la leyenda del baloncesto. Greg Speirs, diseñador del logo, donó los beneficios íntegros de tan aclamada iniciativa a la Federación Lituana de Baloncesto y a los fondos de ayuda para niños del país.

Fue en ese mismo Eurobasket cuando Sabonis pronunció unas palabras que marcarían el devenir del baloncesto en su país de por vida: “Esto es bueno. Ahora sabemos la mierda de baloncesto que jugamos”. Lituania había sido arrasada en semis por el Dream Team por 50 puntos (127-76). Nada sería igual en adelante.

Predestinado al nacer

El pequeño Jonas siempre fue más alto que los demás. Recién nacido, ya contaba con 58 centímetros, cuando la media habitual está en torno a 52. Siempre el más alto de la clase, acentuado con cada año que cumplía. Su destino, en un país que entiende el baloncesto como una religión, estaba escrito. Empezó a jugar al baloncesto como cualquier otro niño: para divertirse. Pero las expectativas, en semejante contexto, se dispararon. “En Lituania aprendemos desde niños el sentimiento del baloncesto. Es amor, pasión, más que una religión. No se trata solo de llorar cuando perdemos o ganamos. Es mucho más. Es un sentimiento común que nos une”, reivindicaba Renaldas Seibutis en una ocasión.

Ese sentimiento especial, el misterio pasional que encierra el baloncesto lituano, cautivó al pequeño Jonas la primera vez que viajó a Vilnius, la capital de Lituania. En su pequeña Utena, de no más de 50.000 habitantes, no había lugar para semejante despliegue. Allí vio instalaciones inimaginables para él, chicos de su edad luchar por un sueño. Fue cuando Valanciunas decidió que quería ser jugador de baloncesto. “Dos años más tarde decidí firmemente que sería jugador de baloncesto. Y, cuando empecé el camino hacia el profesionalismo, me di realmente cuenta que el baloncesto no era solo mi amor, era mi vida”.

Su talento descomunal en categorías inferiores le colocaron como el mejor prospect del país. Una temporada en el Perlas Vilnius le bastó para lograr el ascenso a primera división promediando 10.1 puntos y 7.8 rebotes. Contaba entonces con 16 años. Los grandes equipos se rifaban firmarle para su cantera. Especialmente Zalguiris, el club por excelencia del país. Pero el corazón de Jonas solo entendía entonces de colores. O, más bien, de lealtad familiar.

En el momento de tomar una decisión, su madre le regaló unas zapatillas nuevas en las que había escrito de su puño y letra “Rytas”. Días más tarde era oficial que Valanciunas jugaría en Lietuvos Rytas cinco temporadas.

De Lietuvos habían salido talentos Macijauskas o Jasikevicius, que llegaron a la NBA, o Ramunas Siskauskas, otra leyenda europea. Bajo la batuta de Valanciunas, Lietuvos Rytas rompió al fin la hegemonía del Zalguiris. Se había convertido en el nuevo ídolo del país.

El relevo de las leyendas

Jonas Valanciunas es en pívot más dominante que ha tenido Lituania desde Arvydas Sabonis. Ni Songaila, ni Javtokas ni Eurelijus Zukauskas habían sido tan relevantes como Valanciunas, pese a cumplir un buen papel en la selección.

Valanciunas siempre fue la gran esperanza del país desde que era un junior. Su nombre es inscrito con letras de oro en la historia de Lituania y, a sus 24 años, es el líder por defecto del país. Referente en la NBA, ha firmado su renovación este verano con los Raptors por 4 años y 64 millones. Ganará más que todos los jugadores lituanos juntos que hayan pasado por la NBA.

Él personifica la tercera generación que se da el relevo. Sigue la estela de Sabonis, Marciulonis, Kurtinaitis, Homicius, Karnisovas en los 90. Los precursores. Aquellos a los que Jonas admite haber visto “en vídeos, fotografías, u oído historias”. No llegaba a los 10 años cuando uno tras otro colgaron las botas. Pero, como todo lituano, está marcado por aquel Bronce del 92: “No puedo siquiera imaginar lo que esa medalla de Bronce supuso para toda esa gente, que vivió tantos años en esas condiciones”.

Valanciunas creció idolatrando a una segunda generación liderada por Mindaugas Zukauskas, Jasikevicius, Kaukenas, Siskauskas, Songaila, los hermanos Lavrinovic, Macijauskas, Javtokas… Ahora es él quien lidera la suya propia con sus escuderos Motiejunas, Kuzminskas, Domas Sabonis y otros más veteranos como Kleiza, Maciulis, Kalnietis, Jankunas o Seibutis.

We, The North

El eslogan de Toronto Raptors bien serviría para ilustrar las pintorescas calles lituanas. Contaba Joan Plaza cómo se anegaban de nieve las aceras, haciendo casi imposible el tránsito. Y cómo los lituanos se preparaban para la llegada del invierno. Y, entre filosofías del norte, tuvieron que entenderse a la fuerza. Porque los Raptors gastaron su tercera elección del Draft de 2011 en un Jonas Valanciunas de 18 años.

El joven pívot aún no se veía preparado para dar el salto, por lo que decidió esperar un año más en su equipo y foguearse al más alto nivel. Ahí comenzó una relación idílica entre Raptors y Rytas. Conexión que guardaba muchas más conexiones que el frío polar de sus países.

Para supervisar su desarrollo, los Raptors mandaron a Alex Mckechnie, su jefe del departamento de ciencia del deporte. Mckechnie, veterano del negocio, llegó a Toronto un año antes (2010) tras ser partícipe de la última etapa gloriosa de los Lakers: la de los dos anillos de Pau y Kobe. Aún hoy mantiene excelentes relaciones con el pívot catalán y el resto de miembros de los Lakers.

Erudito como pocos de la ciencia aplicada al deporte, Mckechnie fue la sombra de Valanciunas en Rytas. Le enseñó a cuidar su cuerpo, una rutina y hábitos para mantener una vida equilibrada. Técnicas para mejorar su condición física, ejercicios de mejora de habilidades, consejos sobre la adaptación a la NBA… En resumen, se trataba de realizar una formación paciente durante su último año en Vilnius.

Profesor y alumno se unieron como uña y carne. La sapiencia y paciencia de uno cuadraban maravillosamente con un tímido Valanciunas, que se limitaba a escuchar e imitar. “Ha sido una de las personas que más me ha ayudado a prepararme como jugador. Cambió mi forma de entender el juego, mi forma de entender mi vida como deportista. Me dio herramientas para trabajar y cuidarme por mi cuenta. Me motivó porque siempre me decía que estaba preparado para triunfar”, reconocía Jonas.

Los Raptors jamás dejaron solo a Valanciunas. Pero tampoco quisieron nunca interferir en el trabajo de Lyetuvos. Desde el primer momento buscaron trabajar de forma conjunta para aplicar sus conocimientos y retroalimentarse. Respetando siempre la labor del entrenador y el equipo, Mckechnie dedicó su trabajo íntegro a su desarrollo, como un integrante más de la plantilla. Siempre bajo el epicentro de ayudar a Valanciunas, trabajaron codo con codo, contando con todas las opiniones sobre el terreno en la más absoluta camaradería.

De gran ayuda fue su entrenador entonces, Alexandar Dzikic. Dzikic había trabajado con Dwayne Casey (entrenador de los Raptors) como su asistente en los Timberwolves. Ambos trabaron una excelente relación y mantuvieron un contacto frecuente mientras Dzikic fue entrenador de Valanciunas. Él fue uno de los principales artífices de su crecimiento junto a Mckechnie, porque, como le definía Casey, “es un magnífico maestro”. En la NBA aprendió cómo es la relación de un entrenador con sus estrellas y el resto de la plantilla al más alto nivel. Cómo saber llevar a sus jugadores y técnicas de psicología y comunicación avanzadas.

Entre ambos, con la supervisión de Casey y el equipo de los Raptors, Dzikic y Mckechnie no solo se centraron en la mejora táctica y física de Jonas, o en su vida personal, sino que le tutorizaron acerca de la diferencia de juego entre la NBA y Europa. Aspectos como los contactos, que no son ni mucho menos iguales. Lo que es falta en Europa, en la NBA no es ni una caricia. La agresividad que puedes poner en los bloqueos o cómo aprovechar su cuerpo en los contactos. En general, la adaptación a la NBA.

“Valanciunas es como LeBron en Lituania”

La frase la pronunció su ex compañero Lawrence Roberts mientras jugaba en Lietuvos con él. Y no, no exageraba. Su propio entrenador reconocía que su jugador “no podía ir a centros comerciales. Ni siquiera andar por la calle. Todos le adoran, es un ídolo. ¡Y nació en el 92! [Tenía 19 años]. Los niños, las chicas… no puede ir a ningún sitio sin armar revuelo”.

Pero, fenómeno fan al margen, desmedido debido al contexto que envuelve al baloncesto en Lituania, todos coincidían en dos puntos muy concretos: su ética de trabajo y su personalidad sencilla. Ha cambiado mucho desde aquellos 19 años. Ha ganado aplomo, se ha convertido en un líder al que ya no puede pesarle la timidez. Su apertura interna ha desembocado en un nuevo nivel de su baloncesto también. Como siempre, los cambios interiores son los que propician los palpables, los que se ven. Pero el fondo sigue siendo el mismo.

“Es una persona maravillosa. Le descubrimos como uno de los mejores talentos juveniles de Lituania y descubrimos que detrás se ocultaba una magnífica persona. Jamás dio un problema. Jamás se negó a nada. Fuera de las canchas podías encontrarle hablando con el personal o llevando una vida sencilla en la ciudad”, decía de él Laura Vainauskiene, jefa de prensa del club, en un documental sobre su vida emitido en Canadá.

“Este chico mejora cada día. Siempre va a más. Es fantástico poder entrenar con alguien así, tan joven y ver cómo evoluciona en cada entrenamiento. Te motiva por dentro y te sientes parte de su desarrollo”, alababa en 2011 Lawrence Roberts.

“Es espectacular el margen de mejora que tiene. Pero lo que más me gusta de él es que, pese a poder entrar alto en el Draft, no juega para él. Es uno de los tipos más sacrificados por el equipo que he visto. Y es difícil ver eso en alguien tan joven. Él no mira nunca sus números, solo juega para el equipo. Es un ganador. No te gritará nunca para que le des un balón. Ni hará un solo tiro forzado. Solo quiere mejorar y trabajar para el equipo. Pronto estará listo para la NBA”. Cuando viene de un Ty Rice desconocido en aquel entonces, hay que creerlo.

“Lo único que espero de Jonas es que siga siendo como es. Tiene unos padres maravillosos, está rodeado de buenos amigos… Es un chico increíble. Solo espero que no olvide de donde viene. Viene de una pequeña ciudad. De un pequeño país. Le deseo lo mejor, una carrera larga en la NBA y, sobre todo, que siga siendo como ha sido siempre. Y que recuerde todo esto”, añadía su buen amigo Seibutis cuando anunció su llegada a la NBA.

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