Portland Trail Blazers: El club de los olvidados

*Nota: Artículo originalmente publicado por Álvaro Carretero en NBA Sunday

Nadie contaba con ellos. Prácticamente, ni se acordaron de su existencia. Un equipo que había perdido a cuatro de sus cinco titulares, All Star incluido. Que parecía llamar a las puertas del tanking en su enésima reconstrucción en apenas una década. Los Blazers solo tenían valor en los nostálgicos recuerdos de un pasado reciente, pero a la vez distante.

Decir que los Blazers están haciendo un buen año es como decir que Stephen Curry es solo un buen tirador. Para hacernos a la idea, las tradicionales apuestas que se permiten en Las Vegas antes de iniciar la temporada les daban un porcentaje de victorias del 26.5%. Es decir, unas 22 victorias. Les situaban incluso por debajo de desastres anunciados como Brooklyn Nets (28.5%), Los Ángeles Lakers (29.5%) o Phoenix Suns (36.5%). Solo Philadelphia Sixers y Minnesota Timberwolves estaban por debajo.

El que diga que les vio venir, que esperaba semejante rendimiento, que levante la mano y corra a echar su currículum a cualquier franquicia. O, al menos, espero que haya apostado un buen dinero por su corazonada.

Una reconstrucción acelerada

23 de diciembre de 2015. Los Blazers atraviesan el peor momento de la temporada. New Orleans les arrasa por 89-115. El equipo atraviesa su primer momento de crisis existencial y, pese a haber aguantado el chaparrón en la primera parte de la temporada, suman cinco derrotas consecutivas. Los primeros rumores de tanking afloran.

“Recuerdo llegar a casa y pensar: Joder, ¿por qué no podemos simplemente tener un descanso?”. Damian Lillard

Quizá el base, más experimentado que sus compañeros, era el único que entonces aún confiaba en remontar el vuelo. Al menos, de los pocos que apreciaba los males endémicos que les asolaban. Necesitaban tiempo. Un respiro. El año nuevo tampoco traería la regularidad consigo.

16 de enero de 2016. Los Blazers tocan fondo. Los Sixers les humillan con (casi) idéntico resultado de 89-114. “Ha sido terrible”, reconocía un Lillard hundido. Y eso que venían que una racha de tres victorias consecutivas. Pero el equipo no carburaba.

Fue entonces cuando aprendieron la lección: el talento no es suficiente. Y Terry Stotts hubo de tirar de psicología más que nunca antes de toda su carrera. La temporada estaba en un punto crítico. Se le escurría entre los dedos. De vuelta a casa, mantuvo una reunión con sus jugadores en la que trasladaría una sola idea: confiar en el proceso. Y “proceso” es la palabra más repetida desde entonces por todos los jugadores en sus declaraciones.

“Si miras de dónde venimos, sabes que estamos atados a nuestro pasado. En ese momento [con las derrotas] te toca los huevos y no quieres ni pensar en ello, pero te das cuenta que es un proceso. Cuando tienes un equipo joven, tienes que saber lidiar con cosas así”. Damian Lillard

Y es que los Blazers son la quinta plantilla más joven de la liga, por detrás de Philly, Bucks, Utah y Boston, con una media de edad de 24.7 años. Media que incluso cae en su quinteto titular (23.8). Apenas cuentan con 3.1 años de experiencia de media en la NBA (4º tras Philadelphia, Utah y Boston). Y gracias a que Kaman, Henderson o Aminu son quienes la suben. Y, con 3.2 millones de salario medio, son la segunda plantilla más barata de la liga. Solo por detrás de los Sixers, que son el invitado de honor en cada confín de la NBA.

Su masa salarial es de 61.640.381, la segunda más baja tras, cómo no, Philadelphia. Y lo más hilarante es que el jugador que más cobra del equipo es… ¡Varejao! Fue cortado nada más llegar vía traspaso con Cleveland. Por detrás quedan Aminu (8 millones), Ed Davis (7 millones), Henderson (6 millones) y Kaman (5 millones). Irrisorio. Pero el mejor chiste es que todos sus jugadores aún estarán con contrato de rookie, al menos, dos años más. Excepto Lillard, que será la única nota merecidamente discordante en el escalafón socio-económico de los Blazers y pasará a cobrar 21 millones la próxima temporada, acabando en 27.3 millones en 2021.

Cuando Lillard habla de dónde vienen, se refería precisamente a eso. A haber perdido cuatro titulares. A la falta de experiencia. A que nueve jugadores sean nuevos en el equipo. A una reconstrucción absoluta, desde los cimientos. Pero Stotts se hizo con las riendas en el momento justo. Hizo que sus chicos confiaran ciegamente en El Proceso. En mayúsculas. Porque para los Blazers está dotado de tal carga simbólica que se respeta con la misma solemnidad que si de su propio pasaje bíblico se tratase.

“Es un equipo muy diferente al de los años anteriores. Los jugadores jóvenes que salen del banquillo están aprovechando cada minuto, lo que nos permite probar con diferentes quintetos. Pero eso no es necesariamente un crecimiento de los jugadores, sino que han comprendido cómo funciona el equipo, sus dinámicas y lo que es mejor para todos”. Terry Stotts

El Proceso es confianza mutua. Crecimiento. Aprender, como han hecho, de las situaciones más duras. Tener paciencia. Mejorar día a día. Su evolución desde entonces ha sido meteórica. 16-7 de balance desde la derrota en Philadelphia. Se han consolidado en puestos de Playoff, e incluso ganaron por 32 puntos a los Warriors con 51 de Lillard. Solo los Spurs y los propios Warriors han acabado con mejor balance en febrero.

En su enésima reconstrucción, los Blazers demostraron de qué pasta están hechos. Enseñaron los dientes, que ya no son de leche. La llegada de Lillard en 2012 a punto estuvo de meterles en Playoff en su primer año, ya con Brandon Roy y Greg Oden en el olvido. Porque los Blazers han sido una franquicia que siempre ha realizado un modelo ejemplar de reconstrucción en las últimas décadas. Pero el infortunio, en forma de lesiones, se había cebado con ellos. Esta vez tienen una estrella, un líder nato sobre el que orbitar completamente sano. El cabecilla del club de los olvidados.

Lillard y McCollum, la revolución está servida

Los dos ingresaron en una pequeña universidad – Weber State y Lehigh, respectivamente – ante la falta de becas mejores al acabar el instituto. Los dos completaron su ciclo académico tras prometérselo a sus madres. Y los dos aún viven con ellas en Portland, a sus 25 y 24 años, respectivamente.

Ellas han monitorizado los progresos de sus hijos en la NBA. Como lo hicieran desde que fueron pequeños. Especialmente Gina, que luchó por alejar al pequeño Damian de la violencia de las calles de Oakland desde su más tierna infancia. Algo que el base recuerda en cada una de sus canciones en su recién estrenada faceta de artista del rap. Porque sí, también saca tiempo libre para componer y tiene maquetas comercializadas con un impresionante tirón. Y muy buenas, si se me permite.

Actualmente, los dos mejores jugadores de estos sorprendentes Blazers son uña y carne dentro y fuera de la pista. Acostumbran a cenar los dos juntos con sus familias, especialmente antes de partidos importante. Aunque sus motivos para convivir fueron bien diferentes. Lillard, que sufrió especialmente su ausencia en la universidad, decidió que les llevaría a vivir con él donde fuese. McCollum, por el contrario, comenzó su campaña rookie viviendo solo. Pero cuando se rompió el pie antes de iniciar la temporada, se sentía “hundido y solo”. “Ella sabía que necesitaba alguien conmigo”. Y hasta Lake Oswego, la residencia de CJ, fue Kathy Andrews abandonando todo para ayudar a su hijo en sus momentos más bajos. No se iría ya de allí.

la-foto

A diferencia de Lillard, que vive con sus padres y su hermano, McCollum solo vive con su madre. Su hermano Errick fue máximo anotador de la liga China el año pasado y ahora juega en el Galatasaray turco. Su padre sigue en Canton (Ohio), porque pese a los millones de su hijo, su condición humilde le impide concebir otra forma de vida que no sea ganársela él mismo. Valiosas lecciones que McCollum, como Lillard, aprendió para cumplir los cuatro años universitarios. Porque la educación siempre fue lo prioritario.

Así se explica que CJ sorprendiese eligiendo estar en Lehigh en su último año, cuando su nombre había subido como la espuma tras eliminar en primera ronda a Duke en 2012 con 30 puntos y 7 asistencias. Ambas madres contribuyen ahora notablemente a la estabilidad emocional de sus hijos, que realizan una vida normal de veinteañeros en casa, apartados de las rutinas profesionales de la NBA. Y cuando los malos resultados amenazaban con crear una burbuja de negatividad, allí estaban también para pincharla.

Ambos están firmando una temporada de ensueño. Lillard promedia sus topes en anotación (25.8 puntos) y asistencias (7) y McCollum apunta al Most Improved Player promediando 21 puntos y 4.2 asistencias. El año pasado se quedó en 6.8 puntos y 1 asistencia en 15 minutos por partido. Esta temporada juega 35. Pero en Playoff ya había avisado de lo que vendría esta temporada promediando 17 puntos y 4 rebotes, aprovechando las bajas de Wes Matthews y Arron Afflalo.

Lillard se quedó fuera del All Star Game un año más. La temporada anterior entró por las múltiples lesiones, siendo llamado tras Klay Thompson y DeMarcus Cousins. Su rajada en Instagram sobre lo que él consideró “una falta de respeto” incendiaría los medios durante semanas. Como también lo hizo al quedarse fuera del Team USA en el Mundial de 2014. Sobre todo porque Coach K se llevó a sus ex pupilos de Derrick Rose (Team USA 2010) y Mason Plumlee (Duke) antes que a él. Y Lillard juró no volver al combinado nacional. En febrero de 2016 daría marcha atrás, año y medio después, y estará en el training camp del que saldrán los doce que irán a los Juegos Olímpicos de Río.

Este año no hubo declaraciones grandilocuentes por su parte. Solo trabajo silencioso. Con la misma furia luchadora que ha inspirado su vida. Pero, hay que reconocer, que un Lillard enfadado es una de las grandes bendiciones de la NBA. No hay como echar gasolina a su fuego para estimularle a mejorar y sacar lo mejor de sí mismo.

En febrero anotó 30 puntos en cinco partidos consecutivos, igualando la marca histórica de la franquicia, en poder de Geoff Petrie. Ha anotado 50 puntos en dos ocasiones (Warriors y Raptors) y lidera la reacción de los Blazers como un auténtico capitán. Porque siempre lo fue. Incluso siendo rookie. Un carácter moldeado al fuego del escepticismo de quienes nunca creyeron en él y las calles de Oakland.

“Solo quiero dar las gracias a los fans que pensaron que yo no era lo suficientemente bueno. A los entrenadores que pensaron que no era suficientemente bueno. Y a Adam Silver, por pensar que no era suficientemente bueno. No es un territorio desconocido para mi. En realidad, es lo que ha inspirado mi vida”. Damian Lillard, tras no ser elegido en el ASG de 2015.

Su sociedad con McCollum es una de las más frescas de toda la NBA. Se han convertido en uno de los mejores back-courts y aún no han alcanzado su techo como jugadores. Tras ganar a los Jazz hicieron historia al convertirse en la segunda pareja de guards en sumar dos partidos seguidos de más 30 puntos cada uno. Solo George Gervin y James Silas lo habían conseguido en 1980 en San Antonio Spurs.

Si Lillard es por antonomasia el gran olvidado de la NBA, McCollum ha sido el gran tapado. En su primer año se perdió los primeros 35 partidos tras romperse el pie. A duras penas pudo ir cogiendo minutaje en unos Blazers lanzados a la cima del Oeste, arañando cualquier resquicio a Matthews. Y el año pasado se perdió otros 14 en los que su equipo logró un balance de 11-3. La llegada de Afflalo complicaba aún más su presencia en pista. Fue el cúmulo de lesiones las que le abrieron las puertas de la titularidad, demostrando que ese gran talento de la minúscula Lehigh – único jugador NBA en su historia – solo necesitaba una oportunidad. Y no la va a dejar escapar.

El credo de Stotts

Sería absolutamente injusto hablar de los Blazers centrándonos solo en Lillard y McCollum, pese a ser sus cabezas visibles. Porque el club de los olvidados está plagado de nombres, cada uno de ellos con una historia peculiar que contar. Cada uno con todo su baloncesto por demostrar. Con una reivindicación a voz en grito.

“Lo que estamos intentando encontrar son jugadores que no solo contribuyan y complementen a Damian y el resto de jugadores que tenemos, sino chicos que aún no hayan vivido sus mejores días en la NBA”. Neil Olshey, General Manager

El primer nombre de tan selecto club no puede ser otro que Terry Stotts. Miembro fundador y artífice junto a Olshey de reclutar a sus integrantes. Uno de esos entrenadores valientes que jamás se amilanó ante la adversidad. Que demuestra su presencia cuando más necesaria es. Así lo hizo en enero, analizando a fondo las carencias de su equipo aprovechando que jugarían siete partidos seguidos en casa tras volver de la gira por el Este. Y Stotts dio con la clave.

El ataque funcionaba. Aunque se podía mejorar, había jugadores con talento sobrado y sistemas eficaces. La llave maestra pasaba por la defensa. Un cambio radical respecto a temporadas anteriores. Enfatizó en la defensa de perímetro, pidiendo a sus aleros y a sus guards presionar más, golpear constantemente, buscar contacto, acosar sin descanso al rival que tuviera la bola en el exterior. En definitiva, dificultar la traslación del balón, crear situaciones incómodas que fuercen pérdidas o malas decisiones… Y evitar que los balones llegaran fácil a la pintura, donde no tienen grandes pívots.

Pero también el ataque ha sido redefinido, aunque de forma más natural. Lillard ha aprendido en esta primera mitad de temporada a sortear las trampas que los equipos le preparan como anotador y generador de juego. A superar defensas que se centran en él. Stotts ha logrado que el base multiplique su conocimiento del juego gracias también, en parte, a que los roles en el equipo están ahora mucho más definidos y Lillard es consciente. “Teníamos que aprender unos de otros”, comentaba el base. Ese respiro que reclamaba en diciembre llegó con la tranquilidad de estar en casa.

“Comenzamos la temporada con el único objetivo de desarrollar a nuestros jugadores jóvenes y ser mejores individual y colectivamente pero, en este punto de la temporada, hemos sido capaces de comprender cómo tenemos que hacerlo. Creo que ahora sí tenemos más mentalidad ganadora”. Terry Stotts

Pero si hay algo que ha hecho posible que los Blazers rindan exponencialmente por encima de sus posibilidades es ese extraño e indefinible fenómeno llamado química. Dinámica que arrastran de temporadas anteriores, todo sea dicho. Al ser un grupo tan homogéneo en edad, es fácil que coincidan en gustos, aficiones… Los Blazers tienen una relación tan estrecha que, incluso, crearon el típico grupo de Whatsapp (o el sistema de comunicación que usen) que todo grupo de amigos que se precie tiene.

Y, como todo grupo de amigos, en él se habla a cualquier hora, se pasan vídeos y fotos para desternillar al personal, se organizan quedadas y, en definitiva, se comparte la vida. Tan fácil es ver a Lillard, CJ y Leonard ir a cenar pizza, como a Vonleh y Plumlee jugar a los bolos. Pero que nadie piense que es cosa de los jóvenes. Chris Kaman, a sus 33 años, se siente como pez en el agua. Como si hubiera rejuvenecido diez años. Les cuida, les da consejos, les guía… Pero se siente uno más. En verano, al volver de vacaciones, vino con un Apple Watch personalizado para cada uno. Y es de los más activos en sus conversaciones. Bendita y atractiva juventud.

“Las cosas de vestuario, todo lo que sucede detrás de las cámaras – créeme – se traslada a la pista. Nuestra amistad fuera de la pista como compañeros de trabajo construye la confianza del equipo. Nuestro grupo es todo unidad, estar juntos y confiar en el compañero de al lado”. Meyers Leonard

“Todo lo que nos gustamos mutuamente, todo el tiempo que pasamos juntos fuera del trabajo… Muestra lo increíblemente unido que está el equipo. Somos un equipo. Y nos da igual no ser Cleveland. No tener a LeBron, ni a Kyrie, ni a Kevin Love. Somos un grupo. Y siempre sabes que nos tenemos a todos a la espalda empujando”. Damian Lillard

Justo lo que experimentó Mo Harkless. Posiblemente, quien peor lo haya pasado esta temporada. Harkless reconoció abiertamente querer salir de los Blazers. Había perdido los minutos y la confianza del entrenador. Pero Lillard volvió a ejercer de líder. Tienen la taquilla una al lado de otra, en esa intimidad confidente que da la proximidad. Nadie mejor que aquel con quien apenas te separan unos centímetros para percatarse de tus emociones. Y Lillard las cazó al vuelo:

“Le escribí: Tío, tienes que quedarte aquí. Te vamos a necesitar. Serás grande para nosotros”.

Y Harkless reflexionó sobre su actitud. Sobre lo que sus compañeros estaban haciendo por él en sus horas bajas. Su incondicional apoyo, sus ánimos y bromas para empujarle cada día. Sabía que tenía que devolverles el cariño. Desde entonces, cuentan que es el primero en llegar y el último en marcharse de los entrenamientos. Que anima más que nadie, juegue treinta minutos o ninguno. Que siempre anda riendo, gastando bromas y contribuyendo al gran ambiente que respira el vestuario. Y Stotts volvió a darle una oportunidad que, por supuesto, no desaprovechó con la lesión de Noah Vonleh. Porque Stotts también entiende de personas. Y supo que era el momento.

“Nunca he estado en un equipo donde todo el mundo se queda cuando acaba el entrenamiento. Es genial. Todos quieren crecer. Todos quieren ser mejores. Todos los días les ves entrenar duro, quedarse después a mejorar individualmente, competir… Es increíble”. Mo Harkless

Alcancen Playoff o se queden por el camino, el éxito de la temporada está asegurado. De hecho, si lo consiguen, perderán su elección de Draft en 2016, que estaba protegida hasta el pick-14. Si se meten en post-temporada irá a manos de Denver. Pero poco les importa a un grupo de exiliados que encontró acomodo entre los brazos de tipos de su condición. Al amparo de una franquicia esquinada al Oeste del país, donde los focos se resignaban a apuntar porque no consideraron que hubiera nada merecedor de ser alumbrado. Ellos creen en El Proceso que ha conseguido que ahora sean ellos quienes protagonicen la función mediática.

“Hemos perdido dos partidos seguidos, pero no es el fin del mundo. Es una oportunidad para crecer. El Oeste es muy cerrado. Cuando empecemos a jugar bien, a conseguir más tiros, a defender más consistentemente… Entonces es cuando la gente empezará a decir que estamos creciendo”. Damian Lillard, 6 de enero 2016.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s