La revolución empieza en el banquillo

*Nota: Artículo publicado originalmente en la Guía NBA de Basket Americano 15-16 y NBA Sunday. Sus datos han sido modificados con los nuevos cambios en los banquillos de esta temporada.

El inicio de la nueva era

Hasta 38 debutantes en los banquillos NBA hemos visto ya en lo que va de década. 33 antes de empezar la temporada 15/16. ¿Muchos? ¿Pocos? No deja de ser una cifra fría, sin connotación relativa, pues no hay correlación alguna que establezca el número de debutantes por décadas con el cambio de paradigma en las mismas. Porque, de hecho, los cambios no llegan con años cerrados, sino que se producen a lo largo de un período de tiempo que no sigue el curso natural que usamos a modo de calendario; sin prisas. De hecho, el número de entrenadores debutantes más bien podría guardar relación con la estabilidad o proceso de cambio que vivan las propias franquicias. No obstante, sí podemos compararlo con anteriores décadas.

Así, en el 2000, hasta 51 entrenadores iniciaron su andadura NBA. Entre ellos, Rick Carlisle (2001), Dwayne Casey (2005), Kevin McHale (2004), Byron Scott (2000), Erik Spoelstra (2008), Terry Scotts (2002), Sam Mitchell (2004) o Stan Van Gundy (2003). En los 90, 44 nuevos entrenadores se sumaron a la liga. Prolífica década de la que aún sobreviven Alvin Gentry (1994), Lionel Hollins (1999), Gregg Popovich (1996), Doc Rivers (1999), Randy Wittman (1999), Scott Skiles (1999) y Kurt Rambis (1999). Y, hasta el año pasado – descanse en paz – Flip Saunders (1995).

En los 80 se registró la menor tasa de debuts del baloncesto moderno, con tan solo 36. Y aún aguanta George Karl (1984), dando guerra en los Kings. Muy dispar a la inestabilidad de los 70, cuando la NBA atravesaba su mayor crisis conocida. Inestabilidad reflejada con el mayor índice de estrenos al frente de un equipo. Hasta 65 se contaron entonces. En los años 60, 42 nuevos entrenadores vivieron su primer día – ¿tal vez el único, para algunos? – de gloria. En los 50, como en los 40, con muchos menos equipos de los que hoy copan la NBA, debutaron 32 y 25 entrenadores, respectivamente.

 

 

De entre todos ellos, solo seis ganaron el anillo en su primera temporada: Edward Gottileb (1947, Philadelphia Warriors), Buddy Jeannette (1948, Baltimore Bullets), John Kundla (1949, Minneapolis Lakers), George Senesky (1956, Philadelphia Warriors), Paul Westhead (1980, Los Angeles Lakers) y Pat Riley (1982, Los Angeles Lakers). A ellos se sumó Steve Kerr (2015, Golden State Warriors) siendo, además, la primera vez que dos rookies se medían en los banquillos en unas Finales. Kerr se convierte, por ende, en máximo exponente de esta nueva era; rompiendo, además, el estigma de la necesaria veteranía. Para más inri, lo hace ganando con un equipo joven (27 años de media) que se sitúa por debajo de la media histórica de los campeones NBA (28.2 hasta 2015).

Pero para apreciar realmente el cambio de paradigma que se está produciendo en la NBA en esta década, debemos atenernos a dos indicadores clave: la edad de los entrenadores y los años de experiencia. Comenzamos por el segundo. De los 38 debutantes, 4 fueron en régimen de interino: es decir, por despido del entrenador jefe y como transición hasta contratar a uno nuevo. Aquellos interinos que siguieron al frente de sus equipos cuentan como un entrenador jefe más, como son los casos que exponemos ahora.

Así, la lista empezó esta temporada con 29 entrenadores. Y, tras los cambios de banquillo en Houston (J.B. Bickerstaff), Cleveland (Tyronn Lue), Phoenix (Earl Watson), Brooklyn (Tony Brown) y la baja de Steve Kerr tras su operación de espalda (Luke Walton), aumentaron hasta 34 entrenadores debutantes en la década de 2010 que realmente dirigieron una franquicia de forma continuada. De esos 34, 15 aún están al frente de un banquillo NBA: Budenholzer (2013), Stevens (2013), Hoiberg (2015), Malone (2013), Vogel (2011), Joerger (2013), Kidd (2013), Donovan (2015), Brown (2013), Snyder (2014) y los cinco mencionados de este año. Es decir, un 44%; cristalina cifra que demuestra la confianza imperante hoy día en los novatos. El único banquillo en el que ha habido cambio de entrenador y no ha debutado uno nuevo ha sido el de los Knicks, donde Phil Jackson sustituyó a Fisher por Kurt Rambis.

 

 

Estamos ante un cambio profundo en la concepción de la modernidad a la que se enfrenta la NBA. El juego está evolucionando a pasos agigantados. Los jugadores ya no ven posiciones estáticas, sino roles etéreos, permeables y multifunción. Las nuevas herramientas de análisis y scouting abarcan terrenos inimaginables. Y el reto de la globalización, cada vez más extendido en todos sus estamentos, comienza por cambiar desde la raíz. Y las raíces del juego no pueden ser otras que la dirección del mismo. La hambrienta juventud ya triunfa, pese a que las cifras, siempre traicioneras cuando se analizan en frío, aún quieran llevarnos a engaño.

El perfil del nuevo entrenador

El segundo indicador que hemos delimitado es la media de edad de los banquillos NBA. Y, como se anticipaba, las cifras pueden llevar a error si no son interpretadas en su debido contexto. La media de edad de los banquillos NBApara la temporada 15-16 comenzó siendo de 51.83 años. Con los cambios de entrandor durante la temporada bajó a 50.3 años. Elevada, a primera vista. Pero no debemos obviar que entrenadores como Popovich, Gentry o Karl, que superan los 60 años y otros tantos superando ampliamente los cincuenta, como Hollins y su sustituto Brown, Rivers, Stotts o Carlisle son los grandes culpables.

Porque lo cierto es que, entre los 33 debutantes que comenzaron la temporada 15-16, la media de edad es de tan solo 43.23 años. Media que disminuyó tras los cinco cambios en los banquillos a 42.79 años. Entre los 38 debutantes, la media de edad cayó, incluso con grandes nombres que se postulan a liderar la NBA en adelante, muy por debajo de esos 42-43 palos. Hablamos de nombres como Jason Kidd o el despedido Fisher, que dieron el paso de la cancha al banquillo a los 40 años, nada más colgar las botas. O de Dave Joerger y Monty Williams, ambos debutantes a los 39. Y, aún más allá, Brad Stevens y Frank Vogel, que dieron el salto a los 37. Entre los cinco debutantes de 2016, cuatro no llegan tampoco a la cuarentena: Tyron Lue (38 años), J.B. Bickerstaff (36), Earl Watson (36) y Luke Walton (35). La edad para poner a un entrenador al frente de un banquillo está reduciéndose ostensiblemente. Otros como Steve Kerr, Tom Thibodeau, David Blatt o Billy Donovan han debutado superando los 50 años.

Edad de Entrenadores NBA en 2016
Mike Budenholzer 46 años Atlanta Hawks
Brad Stevens 39 años Boston Celtics
Tony Brown (rookie) 55 años Brooklyn Nets
*Lionel Hollins (despedido) 62 años Brooklyn Nets
Steve Clifford 54 años Charlotte Hornets
Fred Hoiberg (rookie) 43 años Chicago Bulls
Tyronn Lue (rookie) 38 años Cleveland Cavaliers
*David Blatt (despedido) 56 años Cleveland Cavaliers
Rick Carlisle 56 años Dallas Mavericks
Michael Malone 44 años Denver Nuggets
Stan Van Gundy 56 años Detroit Pistons
Steve Kerr 50 años Golden State Warriors
*Luke Walton (interino) 35 años Golden State Warriors
J.B. Bickerstaff (rookie) 36 años Houston Rockets
*Kevin McHale (despedido) 58 años Houston Rockets
Frank Vogel 42 años Indiana Pacers
Doc Rivers 54 años Los Ángeles Clippers
Byron Scott 54 años Los Ángeles Lakers
Dave Joerger 41 años Memphis Grizzlies
Erik Spoelstra 45 años Miami Heat
Jason Kidd 42 años Milwaukee Bucks
Sam Mitchell 52 años Minnesota Timberwolves
Alvin Gentry 61 años New Orleans Pelicans
Kurt Rambis 58 años New York Knicks
*Derek Fisher (despedido) 41 años New York Knicks
Billy Donovan (rookie) 50 años Oklahoma City Thunder
Scott Skiles 51 años Orlando Magic
Brett Brown 54 años Philadelphia Sixers
Earl Watson 36 años Phoenix Suns
*Jeff Hornacek  (despedido) 52 años Phoenix Suns
Terry Stotts 58 años Portland Trail Blazers
George Karl   64 años Sacramento Kings
Gregg Popovich 67 años San Antonio Spurs
Dwayne Casey 58 años Toronto Raptors
Quin Snyder 49 años Utah Jazz
Randy Wittman 56 años Washington Wizards
*Flip Saunders (D.E.P.) 60 años Minnesota Timberwolves

*Sam Mitchell comenzó la temporada con carácter interino, con Saunders aún como entrenador oficial. Aunque no se sentase en el banquillo, cuenta en la estadística.

El cambio en los banquillos siempre coincide con un cambio de paradigma y dinámica en la NBA. Una nueva era, la revolución en el juego y el planteamiento. La principal novedad de esta nueva tendencia que estamos presenciando proviene del origen de la misma. Se sigue apostando por ex jugadores y asistentes con amplio bagaje en la liga, pero se mira con mayor perspicacia a otros territorios hasta ahora no tan explotados. Especialmente a la NCAA, rompiendo el mito de sus anteriores estrépitos. Stevens abrió el camino a Donovan y Hoiberg. De Europa vino Blatt. De la D-League Joerger y Watson. Y la particular cultura de los Spurs sigue siendo una cantera en toda regla.

Y, a pesar de la disparidad de destinos, todos comparten un denominador común: son jóvenes (en su mayoría), triunfadores y con estilos muy definidos. Ellos mismos han forjado su propia cultura y nombre. No deben su éxito a un equipo, sino que lo han desarrollado con su esfuerzo. Conocen las nuevas herramientas que ofrece el baloncesto moderno a todos los niveles y se caracterizan por fomentar la comunicación y la táctica. Evolucionan al ritmo de la impredecible temporalidad, incorporando nuevos conocimientos como esponjas, sin permanecer anclados en unos años pretéritos tal vez desfasados.

El fin de la autarquía

La NBA ha ido conquistando pequeñas metas a lo largo de la historia. Si hablamos exclusivamente de los banquillos, tal vez a un ritmo ralentizado con respecto a la evolución de la propia liga. La primera torre cayó en medio de los años de lucha por la igualdad entre negros y blancos, cuando Red Auerbach anunció su retirada dejando a Bill Russell como el primer entrenador negro de la historia, cuando aún era jugador. “El baloncesto es un deporte de negros entrenados por blancos”. Frase que aún hoy llega a nuestros días. Se demostró también que un entrenador NCAA estaba preparado para dar el salto a la NBA, pese a los sonoros fracasos que se sucedieron con Jerry Tarkanian o Rick Pitino, entre otros muchos incontables casos.

Y, desde hace años, entrenadores europeos han dado el salto como asistentes NBA, poniendo fin al reinado de la autarquía (autoabastecimiento) imperante desde su fundación. Igor Kokoskov, Ettore Messina, Neven Spahija… Incluso David Blatt, americano, aunque con más de media vida en Europa. Es el nuevo gran fenómeno a estudiar y aún quedan años, tal vez décadas, para alcanzar a comprender la magnitud del mismo. No estamos sino observando perplejos su nacimiento. Testigos de otro pedacito más de historia. Y, no nos olvidemos, el triunfo deBecky Hammon en la Summer League con San Antonio Spurs ha abierto una nueva línea de pensamiento que incluye a la mujer en la ecuación.

Hallazgo secundado también por los Kings, que este año cuentan con Nancy Lieberman como asistente de Karl. “Becky abrió muchas puertas (llegó como entrenadora asistenta a los Spurs hace un año). Incluso para mí, con lo que los Spurs hicieron y luego con su éxito en la Summer League. Fue muy, muy importante para todo el mundo”. La siguiente frontera a conquistar cuando aún no se ha clavado bandera en la anterior.

Y es que, a fin de cuentas, el cargo de entrenador siempre ha tenido tintes conservadores. Y ello pese a la fragilidad intrínseca del propio puesto. Porque el técnico no es sino el eslabón más débil de toda plantilla. El cabeza de turco, el eterno sacrificado. Pero también es el engranaje central del propio equipo. Un gran entrenador es la diferencia entre conquistar la gloria o quedarse por el camino. La épica de la NBA está repleta de historias que encumbraron a los altares a líderes de traje y corbata tanto como a sus héroes vestidos de corto. Dada su responsabilidad, apostar por la novedad, la ruptura o la inexperiencia siempre conlleva valentía. Una valentía que, ateniéndose al trepidante ritmo que discurre la liga, no siempre va aparejada de la necesaria paciencia.

Así, el fracaso de un entrenador joven suele ser subsanado con la llegada de un veterano, curtido en mil batallas y tal vez de carácter firme – casi chapado a la antigua, que se diría – y capaz de poner orden. No dejan de ser sino estereotipos, mitos asumidos ya como algo inherente al puesto. Ni la edad ni la experiencia hacen necesariamente a un buen entrenador. Steve Kerr, por retrotraernos al ejemplo más reciente, da buena cuenta de ello.

Pero siempre hay un punto en la historia en que se produce una fractura. Las grandes mentes de décadas anteriores envejecen. Y, como decía Darwin, “solo los que se adaptan mejor al cambio sobreviven; no las más fuertes ni las más inteligentes”. Gregg Popovich, George Karl o el difunto Flip Saunders son algunas de esas mentes prodigiosas que han sabido metamorfosear al ritmo del padre tiempo.

No se trata del rupturismo como medio. Ni tan siquiera como fin. La fractura generacional en los banquillos se produce como un proceso natural. Un salto a la modernidad, tan necesario como ineludible. La evolución ha de seguir su curso. Porque la historia es cíclica y, cada cierto tiempo, precisa de repetirse. Con sus consecuentes diferencias temporales, faltaría más. Pero el trasfondo es el mismo.

Red Auerbach desarrolló el famoso Orgullo Verde con su filosofía. Una forma diferente de hacer las cosas jamás igualada. Chuck Daly trajo a la NBA una nueva camada de entrenadores, un estilo irrepetible con sus Bad Boys que arrasó el romanticismo de los 80. El triunfo de sus Pistons hizo emerger una liga repleta de burdos imitadores de su modelo defensivo. Phil Jackson demostró la importancia de contar hasta con el último hombre de la rotación. De inculcar una serie de inquietudes más allá de la pista a sus jugadores. Gregg Popovich, siguiendo el paradigma de ambos tres, enseñó al mundo la asombrosa virtud de reinventarse. Y Steve Kerr, quién sabe si tomará el relevo – y bebiendo de las influencias de todos los anteriores – ha elevado a la categoría de magistral el uso de todo su personal disponible en el staff.

El tiempo jamás se detiene. Siempre quedarán lunas por explorar. Martes que intentar colonizar. A cada paso se abre un nuevo sinfín de horizontes. Infinidad de eras aún por llegar. Nos queda la reconfortante emoción de vivir el alumbramiento de una de ellas.

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