El dulce ocaso de Calderón

*Nota: Artículo originalmente publicado por Álvaro Carretero en Planeta Deporte

Un solo equipo en sus primeras ocho temporadas en la NBA: Toronto Raptors. Pero, en su octavo y último año en Canadá (2012-2013), los Raptors decidieron que debían dar un paso al frente. Ese verano habían firmado a Kyle Lowry como agente libre y el futuro del español, en su último año de contrato, estaba escrito: el traspaso. El primero de su carrera. Desde entonces, tres equipos en los últimos cuatro años. Y no ha habido un cuarto porque los Knicks no han conseguido moverle en este cierre de mercado.

El fin de la carrera de José Manuel Calderón se acerca. Y no porque no tenga nivel NBA. Ni mucho menos. Aún guarda mucho baloncesto dentro. Y esta no es una afirmación visceral, nacida del pasaporte. Simplemente, la edad no perdona. Y el físico, a partir de los 35 años – justo los que cumplirá Calderón en septiembre – se deteriora inevitablemente. Pero su calidad como jugador y lo escrupuloso que es cuidando su cuerpo aún le auguran unos años más en la mejor liga del planeta.

Olvidémonos del Calderón titular. Aquel que en los Raptors alcanzó el quinteto inicial de forma indiscutible por méritos propios. Ya no es ni será el mismo. Aunque desde nuestro país, por su condición de español y el cariño que le guardamos, extendamos una capa protectora sobre él y queramos seguir pensando que aún es un base titular como antaño. Su nuevo rol ha de ser partir desde el banquillo, donde el extremeño se convertiría en uno de los bases más codiciados por cualquier franquicia aspirante a reforzar su equipo la próxima temporada.

Adiós a la titularidad

7.6 puntos y 4.1 asistencias de media esta temporada. De largo, su peor campaña en la NBA desde su temporada rookie. En los últimos 9 años nunca había bajado de 10 puntos por partido hasta que llegó a los Knicks. Sus porcentajes de tiro, eso sí, se mantienen. Y por ahí pasan las claves para encontrar acomodo. José Manuel Calderón se hizo hueco en la NBA como un tirador fiable, un base cerebral y director y, en definitiva, encarnando la solidez para llevar la batuta de una franquicia.

Actualmente es el base titular más veterano de la liga. Incluso por encima de Tony Parker (34 años) y Deron Williams (31 años). Claro contraste con los enormes proyectos jóvenes que despuntan y a quienes se les está dando las riendas de sus respectivas franquicias, como Damian Lillard, Kemba Walker, Isaiah Thomas… En una era en la que los bases priman el físico casi tanto como el talento, el español representa una rara avis. Un ser casi mitológico que encarna a los antiguos bases ochenteros. El base blanco más bien delgaducho, inteligente y, sin despuntar en nada concreto, completo en todas sus características.

Los Knicks ya han intentado moverle en múltiples ocasiones desde verano. Fracasaron al hacerse con agentes libres de primer nivel como Monroe o Aldridge y tuvieron que conformarse con Robin Lopez o Arron Afflalo. La reconstrucción debía esperar. Y Calderón gastaba así su primera vida en la partida. Otro año en blanco sin aspiraciones restaba las urgencias de recomponer el equipo.

Pero el despegue de Porzingis y la sorprendente buena dirección del equipo, en puestos de Playoff hasta el descomunal descalabro de enero – que se cobró el puesto del entrenador Derek Fisher – hicieron soñar con un decente porvenir cortoplacista. Cuando se despeñaron colina abajo – porque tampoco se puede decir que subieran más que una pequeña colina – Phil Jackson declaró a todos sus jugadores traspasables “salvo Melo y Porzingis”.

Su principal obsesión pasó a ser conseguir un base de primer nivel. El neoyorquino Brandon Jennings sonó con fuerza, aprovechando que Van Gundy quería quitarle de en medio en los Pistons. También Jeff Teague y, sobre todo, un Mike Conley por el que echarán el resto en verano cuando sea agente libre. Los Knicks necesitan el mayor espacio salarial posible para conseguir varias estrellas con las que saciar el ansia de Carmelo. Y, para ello, el contrato de Calderón es un lastre.

En verano de 2017 acabará su contrato. El enorme incremento salarial que comenzará a aplicarse en la NBA este año ha disparado el tope que manejan los equipos, despegando en consecuencia los contratos de los jugadores. No es tanto un problema de margen para los Knicks, sino de evolución. Sin elecciones en el Draft, solo queda reconstruir a través de la agencia libre. Para ello necesitan todo el dinero disponible que actualmente tienen comprometido en jugadores sin importancia para ellos. Y Calderón es el primero en la lista.

La temporada 16-17 cobrará 7.7 millones de dólares. Heredados del contrato que le firmó Dallas en 2013 por cuatro temporadas. Según el New York Post, la opción más factible, una vez declarada fallida la vía del traspaso, es acogerse a la llamada strech provision. Según esta cláusula, jugador y franquicia pueden rescindir su vinculación de mutuo acuerdo. Nunca de forma unilateral. De forma que ambos saldrían ganando. Calderón se convertiría en agente libre para elegir su futuro. Y los Knicks le pagarían esos 7.7 millones fraccionados en varios años, de forma que apenas influyesen en su límite salarial y les dota de mayor maniobrabilidad para ofrecer más dinero a alguna estrella.

Descalabro y lesiones

Su futuro aún es incierto. En las últimas temporadas varias lesiones han mermado su rendimiento, tanto en Dallas como en New York. También en los Raptors, que aprovecharon una lesión en el inicio de temporada de Calderón para dar la titularidad a Lowry y colocarle definitivamente en el mercado. Su estado físico será el principal factor a la hora de firmar su más que probable nuevo contrato en verano con otra franquicia. Tanto en duración, como en la parte económica.

No obstante, Calde ha demostrado ser el único base capaz de interpretar el sistema del triángulo ofensivo de Phil Jackson en los Knicks. Otra lesión suya abrió las puertas a que Galloway le comiese los minutos durante el primer tercio de la temporada. Incluso el rookie Jerian Grant llegó a disfrutar de más oportunidades que Calderón. Y  ya han fichado al lesionado Tony Wroten para la próxima temporada. Pero ninguno era capaz de saber leer un sistema tan complejo. Menos aún de interpretarlo uniendo las piezas en su conjunto.

Bien es cierto que ni los Knicks tienen jugadores de perfil indicado para jugar el triángulo del Maestro Zen, ni con Calderón terminaba de cuajar. Simplemente, lo sabía entender mejor que sus compañeros.

Galloway se ganó el año pasado un contrato multianual garantizado a base de firmar contratos de diez días con los Knicks. Y Grant se cayó de la rotación según avanzaba la temporada. El peso que había perdido Calderón en el equipo se restauraba en parte con la tétrica racha de resultados y las lesiones recurrentes de Carmelo Anthony y otros hombres clave. Con los Knicks rodando pendiente abajo – otro año más – ya solo quedaba intentar dar minutos a Calderón para intentar revalorizarle antes del cierre de mercado. Pero no fue posible.

Si los Knicks quieren deshacerse de él no es tanto por decepción a nivel de resultados. Nunca vieron en Calderón un base titular indiscutible. Llegó en el paquete que envió a Tyson Chandler de vuelta a Dallas. Cuando el traspaso se produjo, Calderón se encontraba de vacaciones en su natal Villanueva de la Serena. Y se enteró por una llamada de Phil Jackson, que le telefoneó hasta su pequeña localidad desde el corazón de Estados Unidos para conocer su estado de forma, comunicarle sus intenciones y, en definitiva, mantener una breve charla con su nuevo hombre. Jackson le trajo a la Gran Manzana como jugador de transición mientras iniciaba la reconstrucción de los Knicks. Su papel como base titular, simplemente, ha caducado.

Los Knicks han de evolucionar sin perder más tiempo. Calderón encontrar su nuevo rol como base suplente en la NBA. Porque no encontrará ninguna franquicia que arriesgue lo suficiente como para dar semejante responsabilidad a un base de 35 años, que se pierde unos 25 partidos por temporada por lesiones y que no alcanza el nivel físico de los jóvenes que monopolizan la liga.

La parte positiva es que no será un verano de grandes agentes libres en el puesto de base. Más allá de Mike Conley y Brandon Jennings, nos tendríamos que ir hasta Jordan Clarkson (restringido) y Jeremy Lin para encontrar nombres interesantes. Esa es otra de las grandes bazas que juegan a favor de Calderón para aceptar acogerse a la cláusula strech provision.

En cuanto a los posibles equipos interesados, hay dos tipos de franquicias que podrían ver en él a un complemento ideal. Por un lado, equipos aspirantes a consolidarse en Playoff o dar un paso más en su carrera por el anillo. Y, por otro, franquicias jóvenes que busquen incorporar veteranos. Especialmente si sus bases son irregulares.

Una opción podrían ser los Rockets, quienes ya se interesaron por él en repetidas ocasiones hace unos años. Franquicia en clara descomposición, han encontrado su mejor nivel de juego con un base como Beverley, excelso defensor, que delega la creación ofensiva en Harden. Calderón podría cuajar como tirador en su sistema, que no precisa de bases de primer nivel ni balón para influir en el juego y les dejaría margen salarial de sobra para intentar captar su anhelada nueva estrella.

Los propios Grizzlies, si pierden a Conley y ya sin el lesionado Mario Chalmers, podrían ser otra opción más que factible. Proyecto estancado que orbita en torno a Marc y Randolph. Calderón no se acerca ni de lejos al nivel de Conley, pero es muy válido en el estilo grit and grind de Memphis. Quizá pueda ser la única franquicia, por configuración de plantilla, por la tipología del mercado en que se mueven y por la clásica tacañería de su propietario Robert Pera que aún pudiera ofrecerle un rol de titular sin Conley. Sobre todo porque ningún agente libre estará dispuesto a firmar por una ciudad como Memphis y un proyecto tan veterano y sin aspiraciones cuyo techo se alcanzó hace dos temporadas.

Se podría elucubrar con muchos otros equipos, desde Milwaukee – decepción mayúscula de Carter-Williams y a la caza y captura de veteranos – hasta Orlando – Jenning agente libre y especulando con mover a Oladipo o Payton – pasando por New Orleans – mercado pequeño y obligado a la reconstrucción total del equipo –, por citar algunos ejemplos sin mayor base que la correlación del imaginario personal.

Donde seguro que no volverá José Manuel Calderón es a la metrópoli neoyorquina. Porque su presencia es un recordatorio permanente de la decadencia a la que está abocado el equipo desde tiempos inmemoriales. José Manuel Calderón es uno de los residuos de la decadente planificación de las últimas temporadas. Y para abrir una nueva etapa de futuro inmediato es necesario barrer el polvo.

“Que no eres tú, soy yo”, le dirá Phil cuando una buena mañana de julio le telefonee para cortar la relación. Que tampoco importarán los motivos. Porque nunca importan cuando una historia acaba. Pero el chaval que salió de Villanueva de la Serena con dirección a Vitoria de adolescente, el mismo que ni se planteaba cruzar el charco algún día, llegó a la capital del mundo, a la ciudad de las ciudades, la urbe que nunca duerme. Y allí plasmó su nombre el mismo año en que dos hermanos, por casualidad compatriotas suyos, saltaban en el barrio de Brooklyn abriendo la noche de las estrellas.

En unos años apreciaremos la belleza de su historia, olvidándonos del contexto que la envuelve. Pensaremos que un tipo de lo más corriente, que vuelve al pueblo a matar las horas con sus amigos del colegio como cualquiera de nuestros padres o abuelos, hizo enloquecer a decenas de miles de personas en el legendario Madison Square Garden con una canasta ganadora como las que soñaba anotar entrenando en la pista del gimnasio que hoy lleva su nombre, allá cuando el mundo se reducía a la distancia entre un pueblo y otro.

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