Giannis Antetokounmpo, el hijo de la evolución

Es un base. Su descubridor lo tuvo claro. Willy Villar no dudó de su palabra. Y Jason Kidd centrifugó su experimento en la Summer League nada más llegar a los Bucks. Pero las obligaciones del guión y la plantilla eran otras. Y el propio Giannis asumía en su llegada a la NBA que debía “trabajar como point-forward”.

Ese físico hiperbólico, la altura, envergadura, velocidad… Había que enmarcarle en un patrón posicional que no casaba lo más mínimo con sus cualidades como jugador. Más aún en un baloncesto moderno en el que la mayoría de las posiciones clásicas parecen anacrónicas y obsoletas en pos de la versatilidad.

TEMPORADA ACTUAL

Con la temporada pasada tirada por el retrete, Kidd se cansó de Carter-Williams y le mandó al banquillo antes de lesionarse. Finalmente, traspasado a los Bulls antes de empezar la nueva temporada. El base tocó su techo como Rookie del Año en los Sixers. Era el momento ideal para apostar por su chico maravilla, el niño de sus ojos. Sin presiones y tanteando el terreno para la próxima temporada. Giannis era el nuevo base titular.

Desde el All-Star promedió en la 15/16 18.8 puntos, 8.6 rebotes, 7.2 asistencias, 1.4 robos, un 51% en tiros de dos y, su gran debilidad, un 28% en triples.

Logró 5 triples-dobles desde febrero, récord histórico de los Bucks en una temporada. Solo dos jugadores han logrado más triples-dobles con 21 años o menos: Magic Johnson y LeBron James.

Este nuevo curso lidera a los Bucks en todas las facetas del juego. Sí. En todas (las tradicionales, al menos). Líder en puntos, rebotes, asistencias, tapones, robos y minutos. Y en salario. En septiembre firmó una extensión de contrato por 100 millones durante los próximos cuatro años.

The Greek Freak ya está aquí.

LOS ADETOKUNBO

Charles y Veronica Adetokunbo emigraron desde Nigeria a Grecia. Una de las miles de familias que cargaron con su familia en busca de una esperanza europea. Un fino hilo al que asirse. Una utopía forjada en la miseria. Un país en el que más del 70% de la población vive con menos de 1.25 dólares al día. Donde las elecciones (celebradas a principios de noviembre) están cuestionadas por la nula transparencia. Porque en una tierra donde las oportunidades son tan escasas como el dinero, cualquier horizonte se antoja idílico.

Ambos atletas retirados, sin mayor oficio que el deporte. Él, jugador de fútbol, como su hijo mayor Francis. Ella, saltadora de altura. Las condiciones físicas envidiables de Giannis venían de fábrica. Una mutación genética elevada a la enésima potencia. Uno entre varios millones.

Sin papeles de nacionalidad griega, los Adetokunbo se instalaron en Sepolia, un suburbio ateniense. Tanto hicieron por adaptarse a su nuevo hogar que el matrimonio puso nombres helenos a cada uno de sus cuatro hijos menores: Anthanasios, Giannis, Kostas y  Alexis. Y un segundo nombre nigeriano, en honor a sus raíces. Ougko fue el elegido por su madre para Giannis.

antetokounmpo-family

Era una vida tan marginal que, durante años, guardó en sus entrañas un tesoro de magnitud aún hoy incalculable. Una tierra yerma de oportunidades, donde lo habitual era que las generaciones, por lo general de emigrantes como Charles y Veronica, siguieran los mismos pasos de sus predecesores. Suerte que aspiraban a correr Giannis, Thanasis y sus hermanos de no ser porque la evolución se encaprichó con Giannis.

El día que fue concebido la naturaleza estaba sobreexcitada. Un estado de furiosa alteración que replicó en el cuerpo del pequeño, llevando su futuro a una realidad paralela con la que jamás soñó. Las leyes del universo le habían señalado.

Pero había que sobrevivir. Elegir pagar las facturas de la luz o comprar comida. Cualquier ingreso era bienvenido. Así que Giannis y su hermano mayor Thanasis –hoy jugando en Andorra tras intentarlo con los Knicks– se echaron a las calles para sacar algún ingreso extra con el que subsistir cada fin de mes. Con apenas 12 años ya sabía embaucar a los turistas para comprar algún bolso, reloj o gafas de imitación en los paseos atenienses. Un mantero más. Otra historia anónima que nadie hubiera considerado digna de ser contada. Otro chico de la calle.

MAGIC, JORDAN, PIPPEN Y DR.J

Así podría haber discurrido su vida. Sobreviviendo en un país que se negaba a acogerles como ciudadanos a efectos legales, pese a haber nacido allí. Entre mantas y carreras huyendo de algún que otro uniformado policía. Viviendo al día sacando una familia adelante.

Hasta que apareció en su vida Spiros Velliniatis. Y el baloncesto.

Velliniatis era entrenador del Filathlitikos, equipo de la segunda división griega. Así contaba en Grantland su descubrimiento:

“Estaba frustrado. Iba a abandonar porque no había conseguido una sola meta en mi vida. Hasta que vi a Giannis. Le vi caminando por la calle. Iba a ver a un amigo. Recuerdo que pensé: ¡Esto no me puede estar pasando a mi! ¡No es posible! ¡10 años entrenando niños inmigrantes sin que ninguno despuntara y de repente te encuentras a Julius Erving, a Magic Johnson, a Michael Jordan… Todos en un solo cuerpo andando por la calle!”

Giannis tenía 13 años y poco sabía de baloncesto entonces.

Ex jugador de segunda fila y entrenador apasionado, Velliniatis se había dedicado durante más de una década a reclutar chavales inmigrantes dándoles oportunidades para ganarse la vida jugando al baloncesto (información publicada en el artículo de Amos Barshad en Grantland). Su trabajo tenía más de solidario que de económico. Pero él también tenía que vivir y pagar facturas. Cuando vio a aquel prodigio paseando despreocupado, inocente e ignorante de sus cualidades, los ojos se le salieron de las órbitas.

Empezó entonces su caza y captura del adolescente. Pero las urgencias económicas de su familia, que habían consumido sus permisos de trabajo en el país, lastraban el proceso de reclutamiento.

“¿Si consigo trabajo a tus padres, jugarás para mi?”

Dicho y hecho. Logró un trabajo para su madre y les consiguió un piso de clase media en Zografou, un pequeño barrio de Atenas.

Velliniatis llevó a Giannis al minúsculo Filathilikos, donde sabía que le dedicarían atención personalizada, ofreciéndole 500 euros mensuales incluso sin saber jugar. Cuenta Velliniatis que el chico lo dejó en repetidas ocasiones. Había que llevar más dinero a casa. Había que volver a las calles. Porque Giannis, incluso, llegaba sin comer a no pocos entrenamientos.

El entrenador buscó un agente, que comenzó a enviar fotos y vídeos de Giannis. El chico tenía un don. Un potencial especial. Giannis entrenaba con todos los equipos del Filathilikos, desde los alevines, hasta el femenino y el senior. Esa mezcolanza le hizo desarrollar su potencial en todas las facetas del juego, adaptándose gracias a su prodigioso cuerpo a cualquier rol en función del equipo en el que entrenase. Hasta acabar desarrollándose como base. Había que verlo para creerlo. Ni sus propios compañeros daban crédito cuando cogía el balón y corría la cancha.

Y no dejaba de crecer. No solo metafóricamente. Sus centímetros amenazaban con tocar el cielo.

Más rápido que ninguno. Más alto que ninguno. Más coordinado y talentoso que ninguno. Hasta que en uno de esos contactos Velliniatis y su agente recibieron respuesta:

“Mañana por la mañana cojo el primer vuelo. Nos vemos en Atenas”

LA CAMISETA QUE NO VISTIÓ

El 17 de febrero de 2012 el CAI Zaragoza publicó una nota de prensa en la que anunciaba que se hacía con los derechos de un jugador de nombre aún relativamente pronunciable: Giannis Adetokunbo, por 250.000 euros.

Detrás de aquel movimiento estaba uno de los mayores cazatalentos del baloncesto español a nivel profesional, Willy Villar.

“Cuando su agente me envió los vídeos y fotos de Giannis un lunes, al día siguiente estaba cogiendo un avión. Y, créeme, no es algo que haga con todos los jugadores”, reconocía Villar en una artículo publicado por Fran Guillén en la revista Gigantes (número en papel).

Villar se reunió con Velliniatis para ver al joven prodigio, de 18 años.

“Recuerdo su prueba con nosotros, una mañana, estando yo con él, su agente y su entrenador. Comenzó a hacer un ejercicio de bote entre conos y yo, al verlo, pensé que, con esa altura, aquello debía ser una broma. Se me llegó a pasar por la cabeza que igual era un jugador de exhibición, de esos que salen en vídeos de internet haciendo malabares pero que, después, no saben hacer nada en un cinco contra cinco. Pero en cuanto le vi jugar por la tarde me quité esa idea de la cabeza. Durante el partido sabía hacer de todo”, reconocía Villar en el mismo reportaje de Guillén.

El director deportivo del CAI empuñó el teléfono y habló con la directiva para zanjar el acuerdo cuanto antes. Un día perdido podía suponer que otro ávido director acudiera al reclamo.

Para cuando el acuerdo por el CAI se hizo oficial por cinco años, el nombre de Giannis Adetokunbo empezó a resonar con fuerza en Grecia. Su progreso exponencial, su cuerpo hiperbólico y declararse elegible para el Draft de la NBA le auparon a la popularidad. Hasta el punto que Pedoulakis le invitó al All.Star de la liga griega pese a que solo había viajado para apoyar a su hermano.

“Siéntate y prepárate para jugar”

El empujón definitivo al mundo profesional. El adiós a su inocencia infantil y la antigua reclusión en sus miedos. “Os presento al jugador del futuro”, quiso decir Pedoulakis con su generoso gesto.

giannis-antetokounmpo

THE GREEK FREAK

“La primera vez que escuché algo sobre los Bucks fue en el Draft. Jamás les había visto jugar. De hecho, lo primero que supe fue el frío que hacía que hacía allí. Me lo dijo el GM en el aeropuerto”, confesaba Giannis a Adrian Wojnarowski en un reportaje publicado en Yahoo! Sports

Para cuando Giannis se presentó al Draft de la NBA, Grecia se apresuró a conceder la nacionalidad a toda su familia. Con la adaptación de su apellido al idioma, el mismo pasó a formar esa rimbombante palabra que, desde entonces, sería su carta de presentación: Antetokounmpo. Tan singular el apellido como su historia. Como su propio cuerpo. Porque todo en Giannis sugiere peculiaridad. Algo único e irrepetible.

Cuando Antetokounmpo comenzó a llamar la atención de los scouts NBA aún había un halo de misticismo envolvente en torno a su figura. Los únicos datos que había sobre él eran un par de fotos, varios vídeos caseros, un contrato con el CAI Zaragoza y un nombre impronunciable. La única realidad fehaciente era que las fotos y los vídeos mostraban un físico inimaginable. Posiblemente, el mejor físico que se había visto en la historia en alguien de su edad.

Las lagunas cognitivas en torno al chaval eran tan profundas que casi rememoraba tiempos pasados, en los que la limitada tecnología complejizaba el seguimiento obligando al contacto personal o las opiniones de terceros. Los scouts acudieron en masa a los entrenamientos y partidos. No pocas franquicias ofrecían tratos a su agente prometiendo una segunda ronda con contrato garantizado. Para un completo desconocido de la segunda división griega, era todo un manjar. Para Giannis no.

Tanto Velliniatis como su agente, Saratsis, pelearon a capa y espada por Giannis, escalando posiciones en el Draft de forma imparable. Comenzaron a ofrecer acuerdos verbales con una elección asegurada en primera ronda. Saratsis las rechazó todas, confiando en el don especial de Giannis. Su nombre comenzó a subir como la espuma entre los mock Draft. Mitad popularidad ante lo exótico, mitad fe ciega en sus infinitas cualidades.

Quien más fuerte pujó por él fue John Hammond, máximo valedor del chico para seleccionarle en el puesto número 15 del Draft de 2013. El General Manager de los Bucks pasó 72 horas seguidas con él en Grecia y se decidió a emplear su elección si es que nadie lo sacaba antes.

Porque pretendientes no le faltaban.

Masai Ujiri, General Manager de los Raptors, removió cielo y tierra para intentar un traspaso con el que conseguir a Antetokounmpo, pero no lo logró. Toronto no tenía picks ese año, ya que habían enviado el suyo a los Rockets en el traspaso de Kyle Lowry. Pick que los Rockets enviarían a Oklahoma en el traspaso de James Harden. Y que los Thunder utilizarían para escoger a Steven Adams con el puesto número 12. Tres antes que Antetokounmpo. Las vueltas de la NBA.

Ujiri le perdió. También Atlanta le garantizó a Saratsis que le elegirían en el puesto número 17 si nadie le escogía antes, algo que sabían que era imposible cuando Hammond se pronunció públicamente. Así que acabaron seleccionando a Dennis Schröder, quien ha firmado hace unas semanas un nuevo contrato por 70 millones.

En cuestión de meses Giannis Antetokounmpo no solo se convirtió en un fenómeno a escala mundial en la NBA, sino que consiguió romper la tradicional apatía de una ciudad como Milwaukee, poco dada a vivir esta clase de fenómenos. Los rumores de venta de los últimos años siguen pendiendo sobre la franquicia. Pero la presencia de Giannis garantiza promoción, entradas, atrae inversores… Garantiza un futuro.

hi-res-3d019d950a88432141140c7607a68e97_crop_exact

Su historia no es diferente de la de cualquier otro chico americano de barrios marginales. De la infinidad de críos sacados adelante por una madre soltera pluriempleada empeñada en alejarles de las calles, la droga y la pobreza. De cualquier otro chaval africano descubierto en algún campus. De Isiah Thomas, Luol Deng, LeBron James, Amar’e Stoudemire…

El fenómeno Antetokounmpo radica en la esperanza, en el paradigma arquetípico de tantos jugadores en la historia. Con la novedad del colonizador y del indígena que descubre el nuevo mundo. Como aquel inocente Manute Bol conociendo el moderno mundo civilizado estadounidense (ver “El gigante del mundo perdido”, por Gonzalo Vázquez).

The Greek Freak nació como símbolo. Como la marca sobre la que poder concentrar a tantos nombres, triunfadores o anónimos, identificados con Giannis Antetokounmpo.

AUSTERIDAD AVENTURERA

Nada más llegar, cada jugador de los Bucks quería contar su propia anécdota con aquel estrafalario chaval.

Brandon Knight contaba en Grantland que Giannis, obsesionado con ahorrar, incluso se llevaba pequeñas cajitas de comida del catering de jugadores.

Pachulia e Ilyasova le ayudaron a amueblar su modesto apartamento con muebles de segunda mano que le regalaron.

Nate Wolters, entonces también rookie, enseñaba a hablar inglés a Giannis, porque jamás quiso tomar clases. Para él solo había una forma: relacionarse con los demás y oírles hablar. Siempre fue autodidacta.

La historia más curiosa, con una PlayStation de por medio, se la contó su hermano Thanasis a Wojnarowski:

“Recuerdo cuando Giannis se compró la PlayStation 4. Se pasaba horas jugando en casa en su primera temporada. Nuestros padres y hermanos aún vivían en Grecia y era el único divertimento de Giannis, sobre todo en invierno, terrible en Milwaukee. Pero se sentía culpable de tenerla. Culpable porque jamás había gastado 400 dólares en nada. No quería comprarla, era mucho dinero. Pero era su único pasatiempo. Se sentía culpable recordando las tardes en los suburbios de Atenas, el hambre. Culpable porque sus hermanos no podían disfrutar un capricho así. Por tantos chicos desesperados como había visto en la pobreza, vendiendo gafas, bolsos o suvenires para ganarse la vida. Realmente le consumía la culpa”.

Tan culpable se sentía, que se la acabó vendiendo al entrenador asistente Nick Van Exel, con quien echaba incontables horas en sesiones privadas de entrenamiento.

Quien mejor definió la vida durante su temporada de rookie fue Dave Morway, asistente del General Manager, en un artículo de Scoop Jackson para ESPN:

“Cada día es una aventura para él”

“Cuando llegó, siempre había una primera vez a cada paso que daba. Recuerdo cuando iba con él a dar las clases para sacarse el carnet de conducir. Jamás había visto ningún muchacho tan interesado en conocer cada detalle de las carreteras de Wisconsin. O cuando le invité a cenar con mi familia. ¡Nunca había probado la mantequilla de cacahuete! La primera vez que lo comió soltó una exclamación”, contaba Morway.

En su constante aventura de dibujos animados, en la que cada día descubría parte del nuevo mundo que le envolvía, Giannis nunca dejaba de sorprender contando su día a día. Una tarde quiso enviar dinero a su familia en las oficinas de Western Union. Como aún no podía conducir, Ross Geiger era quien le llevaba siempre a sus sesiones de entreno, partidos…

Antetokounmpo no quiso molestarle para un recado personal. Así que en vez de llamarle para que fuera a recogerle al downtown, decidió darse una carrera por las gélidas calles de Milwaukee hasta el pabellón. Hasta que un matrimonio le reconoció y le acercó en coche. Cuando se enteró John Hammond, el General Manager, no daba crédito.

“Giannis, si necesitas que te lleven, ¡llama a alguien del club!”

De inmediato le pasó el listado con todos los contactos (por enésima vez), pero viendo que el chico no andaba por labor terminó por decirle:

“Demonios, si necesitas alguien que te lleve… ¡Llama a John Hammond!”, soltó rompiendo a reír.

The Greek Freak. El símbolo. Giannis Antetokounmpo. La persona. El jugador.

EL HIJO DE LA EVOLUCIÓN

“Los primeros vídeos que vi eran del Magic Johnson de Michigan St. Me encantaba la manera en que controlaba el juego. Él fue el primero al que intenté copiar”, explicaba Giannis Antetokounmpo nada más ser drafteado por los Bucks.

El singular cuerpo de Giannis se ha transformado en los últimos años, ya asentado en la liga. Ha crecido 6 centímetros hasta los 2.11 metros – y aún puede seguir creciendo porque sus tendones no se han cerrado – y tiene una envergadura de 224 centímetros. Pero son sus manos las que más destacan entre sus envidiables condiciones físicas. Miden 27 centímetros desde la punta del anular hasta la muñeca, según mediciones de DraftExpress en su ficha del Draft.

Giannis Antetokounmpo es un jugador del siglo XXII. Es un base capaz de promediar un triple-doble, defender a los ala-pívots rivales y, aun así, hacer que persista la sensación de que solo está arañando la superficie. Su baloncesto es pura ciencia ficción.

La idea de convertirle en base se remonta al propio Velliniatis, quien le formó como tal. La misma que tuvo Willy Villar: “Es un base como la copa de un pino”. Y el propio Jason Kidd nada más llegar a los Bucks en 2014.

El año pasado intentó ponerla en práctica, pero Giannis aún no estaba suficientemente preparado. Y Brandon Knight estaba firmando la mejor campaña de su carrera hasta que fue traspasado para conseguir a Michael Carter Williams, quien no rindió al nivel esperado.

Es precisamente el bajo nivel mostrado por el que fuera Rookie del Año en 2014 y su posterior lesión la que abrió las puertas a Antetokounmpo en el puesto de base en marzo de 2016. Kidd le daba la alternativa en una campaña perdida, preparando la siguiente. Estaba creando un monstruo. Un Frankenstein concebido con los cuerpos de todas las leyendas que Velliniatis vio un día andando por la calle en un mismo cuerpo.

Kevin Arnovitz le dedicó un reportaje en ESPN analizando todos sus atributos fisiológicos para demostrar que Antetokounmpo tenía el cuerpo perfecto para jugar al baloncesto. Las conclusiones de Arnovitz, que no quiso entrar en el embarrado terreno de juzgar el talento baloncestístico, terminaban por demostrar que el cuerpo de Giannis llegaba a superar a portentos de características similares como Magic Johnson, Pippen o Durant.

giannis-antetokounmpo

Una mutación híbrida superdesarrollada. La cúspide de la especie evolucionada. El depredador definitivo en la cadena alimenticia. Un prototipo de jugador que aparece, con suerte, una vez en varias generaciones. Cada vez más refinado. Cada vez más letal.

Si el Draft se repitiese hoy, posiblemente, Giannis Antetokounmpo sería el número uno. Que lo fuera Anthony Bennett, sin duda, no supone una gran competencia. Pero ningún jugador de su camada ha evolucionado tanto ni tiene un techo tan elevado como él. Básicamente, porque el griego es el único que no parece tenerlo. Sus interminables brazos no caben en casa alguna.

Victor Oladipo (no.2), Nerlens Noel (6), C.J. McCollum (10), Michael Carter Williams (11), Steven Adams (12) o Dennis Schröder (17) son algunos de los jugadores del Draft de 2013 que más consolidados están en la NBA. De ellos, cuatro han firmado jugosas extensiones de contrato. Schröder 70 millones en cuatro años. Oladipo 84 millones. Adams 100 millones, como Antetokounmpo. Y McCollum 106 millones en los mismos años. Pero ninguno se acerca ni de lejos al base heleno.

Giannis ha cambiado mucho desde aquella noche que fue elegido. Desde la primera temporada en la NBA. Probablemente, la vida más austera de un rookie en la historia de la liga. Ahora, con su familia ya en casa tras solucionar los problemas de visado en febrero de 2014, Giannis volvió a comprar una PlayStation para sus hermanos. Y mata las horas con su padre en una mesa de billar que le regaló su amigo Geiger unas Navidades.

No deja de crecer – en centímetros, como jugador, como persona – “sin perder la inocencia en su cara”, como dice Hammond. Ya no tiene que volver a compartir zapatillas con su hermano Thanasis, ni preocuparse por el porvenir de su familia, sino por su propio futuro como jugador. Porque un androide del futuro enviado al presente es una historia que el cine de Hollywood ya se encargó de filmar con Schwarzenegger.

El baloncesto ya no es el fin que justifica los medios, que no era otro que huir de la pobreza y de las calles. Por primera vez es consciente de su ilimitado potencial.

Una carrera anómala. Única. Como él. Hecha a su medida. Una carrera pensada para una persona dotada por la naturaleza con el don de la singularidad. Un nuevo paradigma de jugador que podía cambiar el curso de la historia. Uno de esos talentos que quizá te cruzas solo una vez en la vida.

La noche del Draft Giannis envió dos mensajes.

Uno a Willy Villar: “Gracias por ponerme en el mundo”

Y otro a Velliniatis: “Luchamos contra lo imposible y vencimos al sistema griego”

Ambos dejaron escapar las lágrimas en sus casas. Ambos habían apadrinado al hijo de la evolución.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s