Marihuana terapéutica en la NBA: De la persecución a la legalización

“Debemos cambiar el Convenio (CBA, por sus siglas en inglés) y dejar fumar marihuana si es legal en tu Estado. La marihuana está ahora mismo en un proceso de legalización, por lo que creo que se debería permitir a los jugadores consumirla si es legal. Es el momento de las grandes ligas deportivas se anticipen y lideren este proceso”.

Con estas palabras David Stern, predecesor de Adam Silver como Comisionado de la NBA, reconsideraba su postura acerca del consumo de marihuana, una sustancia incluida en los Convenios como prohibida. La conversación se producía en un minidocumental rodado por Uninterrupted con el ex jugador Al Harrington, actualmente un exitoso empresario de marihuana terapéutica.

El debate sobre la despenalización de la marihuana no es nuevo. Pero el contexto que le acompaña sí. La marihuana ya es legal en los Estados de Oregón, Washington, Colorado, Alaska y el distrito de Columbia (en este solo se permite la posesión, no la venta) y, desde noviembre de 2016, también en California, Massachussets y Nevada.

En todos ellos se permite ya con uso recreativo. Su uso medicinal abarca 38 de los 50 Estados del país. Los últimos en aprobarla con fines terapéuticos fueron Arkansas, Florida, Montana y Dakota del Norte. Pero la legalización de la marihuana en un creciente número de Estados choca de frente con la legislación federal, que sigue persiguiendo el cannabis como parte de la perpetua “guerra contra las drogas”, con condenas a prisión por posesión y consumo.

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Es decir, una quinta parte de los 30 equipos juega en Estados donde se puede consumir marihuana para todo tipo de fines: Nuggets, Blazers, Lakers, Clippers, Warriors, Kings y Celtics. Si fuera únicamente para uso medicinal abarcaría también a los Suns, Timberwolves, Bulls, Cavaliers, Pistons, Heat, Magic, Knicks, Nets, Sixers, Wizards y, por supuesto, los canadienses Raptors. 19 equipos de 30. Un 61% en total.

El proceso de legalización de la marihuana responde a las ingentes investigaciones acerca de sus beneficios medicinales y las enormes propiedades terapéuticas de la planta. Incluso el propio Barack Obama, en una entrevista con The New Yorker en 2014 admitió haber fumado marihuana de joven, dejando abierta la puerta a un cambio de mentalidad imparable: “No creo que [fumar marihuana] sea más peligroso que el alcohol”.

EL DEBATE SE ABRE

“Entre un 75 y un 80% de los jugadores de la NBA consumen marihuana”, reconocía el ex jugador Jay Williams hace unos años en una entrevista con Fox. Williams sabe de lo que habla. Drafteado por los Bulls en 2002 solo por detrás del número 1 Yao Ming, apenas pudo jugar una temporada en la NBA. En verano de 2003 tuvo un gravísimo accidente de moto, en la que se fracturó la pelvis y los ligamentos de la rodilla. Los médicos llegaron a plantearse amputarle la pierna.

“Es fácil para los médicos recetar otros medicamentos y yo he sido adicto a alguno de ellos durante cinco años de mi vida. Pero cuando hablas de marihuana la reacción es: ‘¡¡Aahhh!! Es un medicamento prohibido”.

“Conozco muchos atletas que, por ejemplo, juegan con Percocet. ¿Alguna vez has tomado Percocet? Te deja mucho más grogui que usar aceite de cannabis. Es algo que está demonizado en la sociedad. ‘Oh, mira, es un fumeta’, esa es la reacción. No, actualmente uso aceite de cannabis porque me ayuda con la inflamación de mis rodillas y me calma la ansiedad. No estoy diciendo que cualquier menor de 18 años use marihuana, pero desde un punto de vista médico es hora de que grandes marcas como NBA o NFL tomen una postura más progresista y empiecen a mirar hacia delante en lugar de estar anclados al pasado”.

El debate lleva años abierto. Cierto es que las declaraciones de David Stern, el trabajo e impulso de una antigua estrella como Al Harrington o que actuales jugadores y entrenadores se pronuncien ayuda a mantenerlo vivo y darle un espaldarazo definitivo.

Alrededor del mundo existen diversos casos en los que deportistas han integrado la marihuana como complemento en la práctica deportiva sin ningún prejuicio ni perjuicio de por medio. No solo Jay Williams se ha pronunciado en los últimos años.

Por ejemplo, Clifford Robinson, un ex jugador de la NBA con 16 campañas en activo (de 1989 al 2007), creó la primera marca de cannabis pensada para los deportistasUncle Cliffy –, la cual tiene como uno de sus objetivos principales cambiar la percepción de la marihuana. Asimismo, busca incluir al cannabis dentro de los tratamientos de recuperación y así evitar que los doctores prescriban medicamentos adictivos para los deportistas como los que mencionaba Williams.

Y no son los únicos. Blake Griffin, entre tantos otros, también defendió su utilidad terapéutica hace unos años y Karl Anthony Towns declaró esta misma semana que coincidía con Stern sobre la despenalización de la marihuana en una entrevista con ESPN.

Steve Kerr, mientras estaba convaleciente con esos horrorosos dolores de espalda que le impidieron empezar la temporada del récord de victorias, reconoció haber probado también la marihuana, aunque “no me sirvió de nada”, reconoció en el podcast de la CBS Bay Area.

“Tras investigar mucho sobre el tema y recibir los consejos de ciertas personas, sigo sin saber si habría dado positivo en un control anti-drogas o habría sido objeto investigación bajo alguna de las normas de la NBA. Probé la marihuana y no me sirvió de nada. Aun así, mereció la pena. He tomado calmantes y otros medicamentos y ese tipo de remedios me han ido incluso peor”.

Al igual que Jay Williams, lanzó su ataque contra la prescripción de drogas camufladas bajo el nombre de ‘medicamentos’ que se recetan por cualquier motivo y sin control:

“No soy un experto en la materia ni un fumador habitual, pero sé que, si eres un jugador de la NFL o de la NBA y sientes mucho dolor, fumar hierba no es peor que tomar Vicodin. Pero, aun así, a los deportistas se les sigue recetando el Vicodin como si fuera vitamina C. Siempre ha existido esa percepción en torno a que los medicamentos son buenos y la marihuana mala. Ahora esto está cambiando. Me gustaría que las ligas deportivas también fueran capaces de dejar atrás esta idea”.

Exactamente lo mismo que hizo Phil Jackson en los 70 cuando se recuperaba de su lesión de espalda – vaya, coincidencias, pues Kerr jugó para el Maestro Zen en los Bulls –. Jackson nunca ha ocultado su experimentación con drogas psicodélicas como el LSD, pero en este caso se refirió únicamente a la marihuana terapéutica.

No obstante, el comisionado de la NBA, Adam Silver, reconoció en la entrevista anual que el jugador de los Blazers CJ McCollum (graduado en periodismo en la Universidad de LeHigh) le realiza anualmente que no cree que haya “necesidad de cambiar nada ahora mismo”. “En algunos Estados es legal, pero nuestros jugadores viajan constantemente y sería casi una trampa: es legal en unos Estados, pero en otros no lo es. Y en ese sentido sería un problema viajar con marihuana también, claro”.

Una respuesta ciertamente pobre para la inteligencia y elocuencia a la que Silver nos tiene acostumbrados, ya que sería tan sencillo como evitar llevar los tratamientos cannábicos a los Estados en los que está prohibido su consumo y su posesión. Una respuesta que matizó posteriormente durante un viaje a Israel en agosto como parte de los Global Games:

“Debo decir que es un tema al que no perdemos la pista. Estoy muy interesado en los avances científicos acerca de la marihuana terapéutica. Mi opinión personal es que debería ser regulada de igual forma que otras medicaciones y el plan es emplearla para aliviar el dolor. Es algo que debe ser discutido con la Asociación de Jugadores. Siempre y cuando la ciencia demuestre que hay usos efectivos con razones médicas, estaremos abiertos a legalizarla. Afortunadamente, en nuestro deporte no existe tanto grado de dolor como en otros, así que no es realmente necesario por ahora”.

Y, aunque en parte lleva razón acerca de la exigencia física en comparación a otras grandes ligas como la NFL, donde el debate también está abierto, no es una excusa para no liderar el cambio.

CONTEXTO HISTÓRICO

Para entender su prohibición en la NBA también hemos de atender al contexto pasado. Hace 80 años se prohibió el consumo de marihuana en Estados Unidos. Para 1961 su prohibición tenía un alcance global, liderado por el esfuerzo de la primera potencia capitalista, luchando por la hegemonía de bloques en el tablero geopolítico. Pero la denominada “guerra contra las drogas” no comenzaría hasta 1981, cuando el presidente Ronald Reagan pronunció uno de los discursos más repetidos en la historia: “El enemigo público número uno de América es el consumo de drogas”.

Para entonces el Gobierno de Nixon (1969-1974), que también había iniciado la persecución contra las drogas, había ordenado por escrito a todas las universidades retirar libros, publicaciones, documentos e investigaciones embrionarias sobre los usos terapéuticos del cannabis, paralizando los avances científicos en pos del rédito político de la campaña antidrogas.

¿Y qué pinta la NBA en todo este percal más allá de los reglamentos internos? En 1986 Len Bias moría solo dos días después de ser elegido con el pick número 2 por los Boston Celtics de una sobredosis. Su muerte sería el impulso mediático y político definitivo para recrudecer la campaña. Como escribía Gonzalo Vázquez en su serial de artículos La última noche de Len Bias:

“El presidente Ronald Reagan envió a la familia Bias una carta manuscrita presentando sus condolencias, así como la prestación inmediata de su Administración al propósito de modificar la legislación deportiva universitaria y el endurecimiento de los controles y admisiones. A finales de octubre el Congreso aprobaría un presupuesto de 1.7 billones de dólares en la lucha contra la droga que culminaría en la Anti-Drug Abuse Act, una ley federal que endurecía las penas por posesión y tráfico de drogas. Durante el debate previo en el Senado (Senate’s Permanent Subcommittee) el nombre de Len Bias fue pronunciado en 11 ocasiones. La Casa Blanca lo declaró como emergencia nacional”.

Pero la realidad es que la auténtica persecución no se realizaba contra las drogas denominadas como “duras”, ni contra medicamentos prescritos con receta sin regulación alguna. Se realizaba contra la marihuana, mucho más extendida, de fácil acceso y menor coste. Incluso hasta años recientes, más del 50% de las detenciones relacionadas con las drogas siguen siendo por consumo y/o posesión de marihuana. Es la gallina de los huevos de oro de la recaudación.

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NOTA: Si algún/a lector/a está interesado/a en obtener más información acerca de la “guerra antidrogas”, historia, regulación o legislación, la persecución de la marihuana, los problemas sociales relativos al racismo en las detenciones, los porqués de su legalización, su contexto en la NBA, su uso terapéutico, el abuso de fármacos en USA… O cualquier otra cuestión que considere, puede dejar un comentario o enviar un email al escritor para consultarle y le proporcionará información y documentación.

PROHIBICIÓN EN LA NBA

Durante los años más negros de la liga, en la década de los 70, antes de la irrupción de Bird y Magic, la NBA lidió con graves problemas de drogadicción entre sus jugadores, que coincidían con un marco social y político en el que se iniciaba la “guerra contra las drogas” como uno de los temas, si no el que más, dentro de las agendas mediáticas.

La NBA no es ajena a la realidad que la envuelve. Y se vio forzada a adoptar una normativa estricta no solo respecto al consumo de drogas sino, por ejemplo, también para controlar la violencia en las canchas. La regulación se tornó prohibitiva y preventiva pero, sobre todo, punitiva y ejemplarizante. Aun así, no fue hasta 1999 cuando la marihuana fue considerada como sustancia prohibida en la NBA.

Por aquel entonces Michael Jordan había anunciado su segundo (y se creía que definitivo) retiro. Los arrestos a estrellas de la liga por marihuana se sucedían sin freno y los patrocinadores – alias, el dinero – empezaban a ponerse nerviosos por la imagen pública. Finalmente, el sindicato de jugadores (NBPA) se vio forzado a aceptar la prohibición.

Tal y como reconocía Stern “algunos jugadores nos decían ‘estos tíos están jugando colocados’. Entonces empezamos a estrechar el lazo y, al mismo tiempo, todos empezamos a desarrollar la creencia de que la marihuana era solo una droga de escape y que, si empezabas a fumarla, eras mucho más vulnerable para caer en drogas más duras”.

Misma postura que defendía Al Harrington hasta su grave lesión de rodilla, tras cuya operación contrajo una infección de estafilococos mientras aún era jugador de los Nuggets. “No miento, yo era uno de esos que creció creyendo que si fumabas marihuana no tenías futuro”.

“Nunca la probé cuando era adolescente. Mis compañeros fumaban cuando eran unos críos pero yo nunca lo hice. Siempre tuve miedo. Sentía que si volvía a casa oliendo a marihuana, mi madre me mataría”, confesaba Al Harrington entre risas en una entrevista con NBA.com a raíz del documental. Pero Harrington encontró alivio en el uso del cannabis y, afirma, no ha vuelto a usar una sola pastilla después de haberlas tomado durante casi ocho años.

Lógicamente, también la Agencia Mundial de Antidopaje, infinitamente más conservadora que la NBA, incluye a la marihuana en la lista de las sustancias prohibidas desde el año 2004, al igual que el Comité Olímpico Internacional, que la tiene dentro de su lista desde 1998.

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Paulatinamente la NBA endureció las penas por consumo de drogas, entre las que se incluía, por supuesto, el cannabis. En el nuevo convenio (CBA) aprobado en enero de 2017, aún se sanciona su consumo, aunque sus políticas son mucho más laxas y tolerantes.

Según la política antidrogas de la NBA, un jugador no es suspendido hasta que da positivo en tres test por consumo de marihuana. El programa antidrogas es tan hermético que ni siquiera los equipos son informados sobre si el jugador ha dado positivo hasta que es suspendido.

La marihuana, no obstante, no está clasificada como “abuso de drogas” en el reglamento. Las violaciones por abuso de drogas conllevan suspensiones de hasta dos años. La política de la NBA respecto a la marihuana dice:

“Si un jugador da positivo por marihuana, o si es detenido o hallado culpable por consumo o posesión de marihuana, será requerido para someterse a un tratamiento, asesoramiento y posterior seguimiento dentro de los programas de la NBA. Una segunda violación tendrá una multa de 25.000 dólares y posteriores violaciones supondrán una suspensión de hasta cinco partidos que comenzará cuando el jugador esté listo para jugar”.

Cabe reseñar que los jugadores deben pasar cuatro test aleatorios durante la temporada y tan solo dos durante la pretemporada. Es decir, es francamente difícil que las sanciones lleguen a cumplirse nunca. Son los progresos en la sombra que la NBA va realizando. Moviendo sus hilos siempre cautelosamente, pero sin pausa.

Una situación de mayor permisividad que responde actualmente a la aceptación que vive la marihuana en la sociedad estadounidense. Las prestigiosas encuestas Gallup publicaron a finales de octubre de 2017 que un 64% de los estadounidenses creen que la marihuana debería ser legal, tanto con fines terapéuticos como recreativos. Es el mayor porcentaje obtenido nunca.

Desde 1974 a 1984 las encuestas Gallup no incorporaban ni la drogadicción ni la marihuana como uno de los principales problemas del país. A día de hoy, la legalización de la marihuana sigue escalando posiciones. Así mismo pasó cuando el entonces presidente Obama, a través de su página web, preguntó a los ciudadanos qué asuntos eran importantes y merecían ser discutidos. La legalización de la marihuana ganó por goleada.

Y, por comparar el halo de progresismo que se ha instaurado en la última década, desde 1986, tras la muerte de Bias, la drogadicción, en la cual se enmarcaba a la marihuana como uno de sus estandartes, llegó a ser, como Reagan quería, el principal problema del país para los americanos, según las mismas encuestas Gallup. La campaña había sido un éxito absoluto.

EFECTOS TERAPÉUTICOS EN EL DEPORTE DE ÉLITE

Ahora bien, ¿cuáles son los efectos medicinales del cannabis? ¿Y dentro del plano de los atletas de élite?

La ciencia no deja de investigar los usos del cannabis. Diversos estudios científicos han demostrado que los humanos poseemos un sistema que se podría denominar como endocannabinoide. Es decir, tenemos todo tipo de receptores neuronales que segregan sustancias de igual composición, solo que en menor proporción.

Los cannábicos pueden ayudar a funcionar a todo el organismo si se usa correctamente el tipo de cepa asociado a cada patología. Las cepas son cada uno de los tipos de planta de marihuana que podemos encontrar. Cada una tiene una serie de particularidades y usos. Mientras que una puede funcionar contra las migrañas, otra funciona contra el dolor de espalda.

Y, gracias a las investigaciones científicas que no dejan de proliferar en los últimos años, se han descubierto nuevas cepas alrededor del mundo con nuevos fines terapéuticos que pueden ayudar a tratar – que no curar, ojo a la diferencia – enfermedades tan diversas como el glaucoma, depresión, diferentes tipos de cáncer, problemas respiratorios, migrañas, problemas alimenticios, esclerosis múltiple, epilepsia refractaria, dolores musculares, insomnio… Y una lista cada vez más amplia.

La marihuana medicinal puede ser inhalada en forma de vapor, consumida, tomada como una tintura o aplicada al cuerpo en forma de aceite. Muchas aplicaciones incluyen sólo CBD (cannabinoide), no el componente de THC (el que, hablando en plata, haría que te coloques en si se usa con fines recreativos) de la planta.

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Si lo llevamos al plano únicamente de los atletas de élite, contribuye a una mejor recuperación muscular, provoca relajo, mejora el sueño y tiempo de descanso y además reduce la ansiedad del frenético ritmo al que están sometidos. Especialmente interesante sería su uso para tratar diferentes lesiones que conllevan recuperaciones realmente dolorosas. Y todo eso sin entrar en un debate sobre su uso recreativo, pues aún no ha llegado su momento de ser tratado.

En distintos deportes extremos, con una exigencia física infinitamente superior a los deportes colectivos, atletas ya retirados han experimentado tratamientos utilizando formas de cannabis y cannabidiol para el tratamiento del dolor agudo a largo plazo.

También sensible es el caso en la NFL, con lesiones más graves y trastornos degenerativos y neuronales demostrados y que ya llevaron a renegociar el uso terapéutico de la marihuana con restricciones en 2014, pero que ha retomado un nuevo impulso en los últimos años ante las últimas investigaciones y ratificaciones de uso en más Estados.

“Debe haber un movimiento del cannabis del atleta, pues hay fuerza en números. Podemos cambiar la política y hacer que las cuatro ligas mayores miren a toda la planta de cannabis como una alternativa a los opiáceos”, dijo a GrindTV el jugador Marvin Washington.

Las sociedades científicas, políticas y sociales han eludido el debate enfrascadas en el negocio de la sanidad, que en lugar de basarse en mantenernos sanos, ha degenerado con las lógicas del capitalismo de mercado y la sociedad de consumo para tratarnos a través de medicamentos que generan ingresos y se ofrecen una vez llega la enfermedad. En lugar de investigar en la prevención, se hace en la cura, que reporta beneficios constantes. La enfermedad es un negocio. La salud no. El que gasta es el que se enferma y si no hay enfermos no hay negocio.

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