Podcast Outsiders NBA 2×06 | The rigged NBA

Cinco años. Un lustro. Media década. En las páginas de la historia no son sino un suspiro, un párrafo dentro de los libros en los que condensar de mala manera la intensidad de los acontecimientos. Qué son cinco años comparados con los siglos que la humanidad lleva a sus espaldas.

Nosotros, con la retrospectiva en caliente, cercana. Con el recuerdo vívido aún en nuestros cerebros, podemos detenernos en los detalles. Y, aun así, cuando hacemos el esfuerzo, nuestras torturadas memorias, castigadas tras años de memorizar libros de texto escolares que solo trabajan la memoria cortoplacista sin fundamento alguno, han de forzar la maquinaria para recordar con precisión qué carajo ocurrió en esos cinco años en el mundo.

No obstante, hagamos el esfuerzo. No en la sociedad, sino en nuestro mundo, en la NBA.

En los últimos cinco años LeBron volvió a Cleveland para dar a los Cavaliers su único anillo antes de continuar su historia en los Lakers. Los Warriors han forjado una dinastía. Donald Sterling fue expulsado de la NBA por sus comentarios racistas. Y otro Donald, Trump, ha llegado a la presidencia de Estados Unidos aprovechando la polarización e infantilización de la sociedad bajo la raída bandera del nacionalismo. Tim Duncan, Kevin Garnett, Kobe Bryant y tantas otras leyendas han dicho adiós. Danny Ainge saqueó hasta los cables de cobre de los Nets. Y A. Bennett fue el último número uno del Draft en dar la mano a Stern.

Cinco años desde que David Stern se retirase como comisionado de la NBA. Ojo, sin jubilarse, porque sigue trabajando y cuentan que se le revuelven las tripas cuando escucha esa palabra. Un David Stern que llevó a la NBA a su Edad Dorada y dejó el cargo cuando empezaba el segundo Renacimiento, consciente de la necesidad de apartarse. Porque para Stern solo hubo una ley universal en su mandato: el fin justifica los medios.

El comisionado jamás dudó en anteponer los intereses de la NBA a cualquier eventualidad. Aunque requiriese arremangarse para adentrarse en las cloacas de la corrupción. Porque entre los muchos ángulos desde los que abordar el legado de Stern hay uno unánime: para bien o para mal, siempre actuó buscando lo que él creía que era lo mejor para la liga.

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